
Carrer del Real, 39
Albaida, Valencia
Tel.677 666 287
www.aroigviu.com
First Date
Quisiera volver
No termina nunca esta misión
Me acuerdo de ti
Como un cuento de ciencia ficción
A lo lejos, Albaida, un pueblo que se levanta como una pausa entre la costa y la sierra, entre el ruido y el silencio. Allí, escondido entre calles estrechas, un resplandor rojizo, una antigua casa de pueblo reconvertida en restaurante que no quiere gustarte, sino enamorarte. Tres veces en mi caso. En ese silencio interior de la Vall d’Albaida donde la vida se cuece a fuego lento, Arturo Roig levanta su altar: A Roig Viu, un restaurante que convierte la brasa en lenguaje y la tierra en memoria.




La cocina de Arturo Roig no vende humo ni proximidad como eslogan: la practica. Las verduras salen del huerto de la casa y la mayoría de su propuesta pasa por una parrilla de estilo vasco (primer match) que marca el pulso del menú. Según el producto, habría que vigilarla más de cerca: la brasa es caprichosa, y cuando se embala puede pasar del rock al heavy metal sin previo aviso. Empezamos con el bollit, guiño a la cocina de antes que aquí se sirve con la serenidad de quien no tiene que demostrar nada. Luego llega la coca de aceite (segundo match). ¿Qué pasa? ¿Dónde has estado todo este tiempo? ¿Por qué no me pediste salir cuando éramos jóvenes? Hubiéramos sido tan felices mojando… pan… juntos.








Todos los restaurantes del mundo deberían mimar el pan; fuera de las ciudades, todavía más. En A Roig Viu sabrás perfectamente de lo que hablo: pan que huele a horno y a hogar, pan que no acompaña la velada, sino el viaje de vuelta a casa. Nunca mejor dicho.
Aparece entonces una ostra cuyo calibre bien podría merecer una carroza propia en el próximo desfile de Moros y Cristianos de Albaida. Es Gillardeau, excelente por textura, sabor y sobre todo limpieza, pero también algo fuera de guión en un relato que presume de kilómetro cero. No es que me chirríe, pero me cuesta entender por qué no optar por algo de Les Perles cuando el discurso del territorio está tan presente. Muy buena croqueta de jamón con un interesante caldo servido aparte que amplifica el bocado. Aunque mejor aun esa coca de dacsa con bonito (de verdad) y una ensalada de judías con jamón, tan sencilla, tan honesta, que se convierte en la mejor carta de presentación posible. Cocina que no pretende impresionar, sino reconectar; esa que te recuerda por qué lo de siempre nunca pasará de moda. Es aquí donde crees ver a un Arturo que parece mirar hacia dentro, hacia el territorio. En mi opinión, hacia dónde mirar, y se agradece.

El pescado, lubina salvaje en este caso, espectacular, tanto en sabor como en punto. Le sobra todo lo que no es pescado, pero aprueba con nota. Para terminar, un solomillo que es pura brasa, pero aquí sin embargo, pasado de punto. Al menos del punto deseado.
Reconozco que tener a Arturo pendiente de mí en todo momento elevó la experiencia, y mucho. Su presencia constante, su mirada sobre cada pase, su manera de asegurarse de que todo saliera en su punto, marcan la diferencia. Sin embargo, también deja entrever algo: el resto del equipo aún acusa cierta falta de rodaje. Al parecer han habido demasiados cambios. Me imagino la sala llena, o un servicio exigente, y me pregunto hasta qué punto el brillo sería el mismo sin el propio cocinero al mando de cada detalle. Porque lo que está claro es que A Roig Viu luce más cuando Arturo está cerca del fuego, pero sobre todo cuanto más cerca se siente del comensal. Y ese equilibrio, entre el control absoluto y la confianza en su equipo, será, quizás, el siguiente paso para que el restaurante brille con luz propia, incluso cuando él no esté al frente de la llama directa.








Me despido de Arturo como si nos conociéramos de toda la vida, con un abrazo sincero (tercer match) y la sensación de haber compartido algo más que una comida. Estoy deseando volver, disfrutar de su caza, de ese cuchareo que humea como un hogar, de un futuro marisco activado en la parrilla, pero sobre todo, para volver a abrazar a un tipo que desprende cariño a raudales. Porque hay cocineros que cocinan… y personas que además, te enamoran.
Albaida, créeme, la cosa está que arde. Al Rojo Vivo. A Roig Viu.
➕ Defender el territorio con identidad y honestidad
➖ Encontrar un equipo a la altura se hace vital
✔ No pierdas de vista la bodega

A roig viu
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