Menos relato, más lechazo

Carrer del General Gil Dolz, 16
Valencia
Tel. 963 898 977
www.restaurantebelmonte.es

Menos relato, más lechazo

Hoy, en nuestro apartado de reseñas breves, de “Restaurantes que llevan años existiendo sin que nadie hable de ellos”, toca uno de esos sitios sin ínfulas ni pretensiones, pero que cumple con creces cuando uno simplemente quiere comer bien.

Aunque en Valencia existen sitios donde comer un buen lechazo, tampoco somos precisamente una ciudad cuya oferta gastronómica gire alrededor de uno de mis platos fetiche. Y en el Restaurante Belmonte, la verdad, siempre he encontrado un buen lugar donde quitarme ese gusanillo cuando aprieta el antojo. Evidentemente, esto no es Mannix, ni juega a ser el típico asador castellano de postal. De hecho, la decoración no tiene absolutamente nada de especial. Pero lo importante es que su especialidad, y verdadero motivo por el que se viene, el lechazo al horno, cumple. Y lo hace, además, de manera sorprendentemente regular. Todas y cada una de las veces que lo he probado ha aprobado con nota: jugoso por dentro, crujiente por fuera y con un sabor francamente agradable. Acompañarlo con un plato de patatas fritas, de las de verdad, y una ensalada para desgrasar, es la combinación perfecta.

El resto de platos, sin ser nada que vaya a cambiar el rumbo de la gastronomía contemporánea, cumplen sobradamente con aquello que uno espera de un sitio así: que la comida esté buena, que las raciones sean generosas y que la cuenta no te haga replantearte tus decisiones financieras de la semana. Porque Belmonte, afortunadamente, todavía pertenece a esa especie de restaurantes en peligro de extinción donde parece que nadie ha tenido la brillante idea de cobrarte 20 euros por una ensalada de tomates trinchados o quince lereles por un platito de clochina (de temporada).

Eso sí, detalles como el estado de las cartas, esa lechuga debajo de las croquetas que duele con solo mirarla… o la propia bodega son cosas a tener en cuenta. Quien venga aquí buscando referencias imposibles, borgoñas con un 95+ Parker, o camareros pronunciando “Meursault” como si acabaran de volver de Beaune, que se olvide. La cristalería tampoco ayuda, pero también te digo que no es raro, y más de cara al fin de semana, ver familias con un Pago de Carraovejas o un Muga, servido alegremente junto a una botella de Casera. Pero bueno, aunque duela verlo, también es parte de su encanto.

El lechazo cumple con creces (en precio también)
Todo lo relacionado con la bodega

De cara al finde, reserva siempre, y en el interior

Restaurante Belmonte
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