
Calle Tomás Pérez Úbeda, 6
Casas-Ibáñez, Albacete
Tel. 967 461 054
www.canitas-al-fresco.com
Brasas bajo las estrellas
He vuelto al chiringuito, a ese pequeño rincón ibicenco que Javi Sanz y Juan Sahuquillo se empeñaron en plantar hace poco más de un año en mitad de Casas Ibáñez, probablemente porque convertir su pueblo en uno de los lugares gastronómicamente más interesantes de España ya no les parecía suficiente.
Hay lugares que aparecen con los primeros calores, te prometen noches eternas, copas bajo las estrellas y algún que otro revolcón gastronómico para, en cuanto septiembre asoma por la puerta, desaparecer de tu vida sin dejar más rastro que los cuatro selfies que puedas guardar en el carrete del móvil. Cañitas al Fresco, por suerte, parece dispuesto a ser algo más que eso. Y próximamente, ¿también en invierno?




La primera vez que estuve aquí me fascinó el espacio, me divirtió la propuesta y encontré platos capaces de justificar por sí solos el viaje, pero también tuve la impresión de que, para un lugar construido alrededor de unas brasas, había demasiado respeto por ellas. Incluso cierto miedo. Miedo al humo, miedo al fuego y miedo, quizá, a dejar que aquello que debía ser el gran protagonista terminase quemando de verdad. Así que este año he vuelto buscando precisamente eso: menos miedo y más fuego. Lo demás: la piedra, la vegetación, la música, las noches de La Manchuela y esa extraña sensación de haber cogido un avión a Ibiza sin haber salido de Casas Ibáñez daba por hecho que seguirían esperando allí. Y efectivamente.
La carta es parecida, pero diferente. Corta y muy apetecible, y aunque es cierto que la brasa sí parece estar bastante más presente (no en los postres), sigo viendo algo en Cañitas al Fresco que no termino de entender: esa especie de renuncia a sacar todo el partido a lo que podría ser un magnífico tardeo. Unos cocktails, una copa de espumoso, un buen plato de jamón y dejar que la tarde vaya muriendo poco a poco hasta empalmar, casi sin darte cuenta, con la cena como gran velada principal. Quizá sea el calufo. Quizá esas calles de Casas Ibáñez prácticamente desiertas a las siete de la tarde. No lo sé, pero sigo viendo ahí un pequeño nicho que terminaría de redondear todavía más la experiencia y que, de paso, permitiría poner en valor ciertos apartados de la carta que estando ahí, parecen perder el sentido en cuanto cae el sol y comienza oficialmente el horario de cenas. Porque es precisamente entonces, cuando desaparece el sol, y se encienden las brasas cuando Cañitas al Fresco empieza a tener verdadero sentido.








El repertorio de verduras frescas con el que arrancar la velada este año es impresionante. Y no solo por la calidad de la materia prima (Isaac is in da haus…), sino por lo bien que salen todas ellas de la brasa y por el acierto de las combinaciones que las acompañan. Quizá tanto el bimi como la berenjena queden algo eclipsados entre tanto topping, pero sobra decir que la falsa carbonara del primero y todo lo que rodea a la segunda funcionan de maravilla. Aun así, son esas piparras y los tirabeques, con o sin acompañamiento, los que terminan demostrando de verdad el poder de esa tierra. El siguiente tramo de la carta es tan interesante como el apartado vegetal. Aquí aparece algo de producto del día, más marisco y un pulpo que, este año sí, mantiene el nivel del anterior, aunque con mucha menos parafernalia alrededor. El emplatado sigue siendo demasiado “bruto” para mi gusto, pero el resultado es insultantemente bueno. Como lo son también unos langostinos a los que quizá les habría sentado mejor algo más de calibre, o una ensaladilla de gambita al ajillo tan sencilla en apariencia como mayúscula en boca.




Para terminar, un muy buen secreto ibérico y una entraña que, aun estando tierna y jugosa, pecaba de un sabor demasiado pobre. Tanto, que de no ser por una salsa Café de Paris más que correcta, pero no memorable, habría terminado quedándose en un quiero y no puedo. Y si aquello hubiera sido realmente el final de fiesta previsto, la cosa habría acabado con cierto sabor agridulce. Fue entonces cuando hubo que recurrir al equipo carnívoro suplente. Un recurso que conozco bien en esta casa y que, como ocurre tantas veces en el fútbol, acaba siendo incluso más resolutivo que el once titular. Véanse los casos recientes de Ferran Torres, Mikel Merino, o aquel eterno número doce llamado Ole Gunnar Solskjær, y conocido como el “Asesino con cara de niño”.
Aquí los nombres eran otros: Picaña, Cadera y Rabito. La directiva, la que no falla, LYO. Y en los puestos de mando para poder sacar la excelencia del equipo, el equipo Cañitas. Tres piezas llamadas a remontar los minutos finales del partido, y en las que nada podía salir mal. Y no salió. No solo se acabó ganando por goleada, sino que toda la grada terminó aplaudiendo el apoteósico final. Hasta el mismísimo negro del WhatsApp lo admitió: ¡Vaya rabo!








Cañitas al Fresco quiere ser un sitio tan informal, tan desenfadado y tan abierto a todos los públicos (y bolsillos) que quienes conocemos de primera mano a Javi, a Juan y buena parte de sus otros negocios no podemos evitar sorprendernos de que aquí no quieran apretar un poco más el acelerador, sobre todo en lo que respecta a la carta principal de Cañitas al Fresco. Algo más de producto, alguna pieza especial, un poco más de profundidad en bodega… Porque aunque Cristian siempre consigue ofrecer bastante más de lo que se anuncia de serie, lo cierto es que, en términos generales, esta se queda algo corta.
Y, sin embargo, basta empezar a disfrutar del lugar para entender que precisamente ahí está buena parte de su virtud. Porque Cañitas al Fresco no quiere ser Cebo, Oba- o Cañitas Maite, mucho menos una versión veraniega y descafeinada de ninguno de ellos. Quiere ser otra cosa. Y eso, probablemente sea lo más difícil. El problema es que, cuando llevas un rato allí sentado, brindando bajo las estrellas, empiezas a sospechar que aquello no es simplemente otro sitio donde pasar las noches de verano, sino uno de los mejores “chiringuitos” posibles para estirarlas hasta que la madrugada termine haciendo el resto.




Pero al final, más allá de las brasas, de los tirabeques, de las carnes o de las copas bajo las estrellas, uno termina volviendo siempre al mismo sitio: a Javi Sanz y Juan Sahuquillo.
Dos personas a las que admiro desde prácticamente el minuto uno y que, con el paso del tiempo, han terminado siendo también amigos. Y lo curioso es que esa admiración no ha disminuido a medida que han ido llegando los premios, las portadas, los reconocimientos, los nuevos negocios o el ruido alrededor de sus nombres. Más bien al contrario.
Porque lo verdaderamente difícil no es llegar. Ni siquiera mantenerse. Lo realmente complicado es crecer sin dejar de saber quién eres, de dónde vienes y qué te trajo hasta aquí. Y ellos, por mucho que todo a su alrededor haya cambiado, siguen teniendo eso muy claro. Quizá por eso Cañitas al Fresco tenga tanto sentido. Porque puedes llenar el suelo de arena, de conchas e incluso de agua, poner música, encender unas brasas y jugar durante unas horas a que La Manchuela está mucho más cerca de Ibiza de lo que dice el mapa. Pero hay algo que Javi y Juan nunca han necesitado fingir:
Sus raíces. Su tierra. Su pueblo. Casas Ibáñez.
➕ Las brasas. Ahora sí, con esa verdura, y esa carne…
➖ Encontrar la excelencia en la recámara
✔ Este espacio. En este sitio. Con esta gente

Cañitas al Fresco
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