
Calle Tomás Pérez Úbeda, 6
Casas-Ibáñez, Albacete
Tel. 967 461 054
www.canitas-al-fresco.com
El sueño de una noche de verano
Empeñados en que Casas-Ibáñez se convierta en un auténtico oasis gastronómico de la zona, mis queridos Javier Sanz y Juan Sahuquillo se vuelven a sacar un as de la manga, esta vez para las cálidas y largas noches de La Manchuela.






Cañitas al Fresco es la nueva ocurrencia de esta pareja de genios que no solo saben exprimir los proyectos que les proponen lejos de su tierra, sino que son capaces de sacar petróleo de cualquier idea en su propio pueblo. Esta vez, una especie de chiringuito que, en cuanto cruzas la puerta, te hace sentir como si estuvieras con los pies hundidos en la arena de algún rincón de Ibiza. Una maravilla de espacio lleno de piedra y vegetación en el que el producto y la brasa juegan a ser los protagonistas.








Actuaciones en directo, música chill out y una coctelería que pide a gritos un horario más amplio, una oferta más variada y un servicio a la altura de quienes la lideran. En definitiva, un motivo más para que tus cenas, o no, arranquen a las 19:00 y, a partir de ahí, dar la bienvenida al fuego, y es que la carta resulta tan apetecible como acostumbra, con la brasa como protagonista indiscutible. Sin embargo, en más de un plato se echa de menos su presencia, al menos como ingrediente, no como simple medio, especialmente en los mariscos y en alguna que otra verdura.

Buenas marineras, un torrezno peculiar y unos fantásticos caracoles con chorizo y un toque picante, rollo los michirones murcianos, marcan un arranque ideal para empezar la fiesta: picoteo fácil, divertido y bien resuelto. Lo mismo ocurre con las piparras, como pipas, o unos pimientos de padrón que, pese a la papada Joselito, acaban resultando algo monótonos. Tanto los puerros como las kokotxas me dejaron bastante indiferente, especialmente estas últimas, ni siquiera salvadas por su encuentro con las alcachofas. Por suerte, la llegada de las navajas y, sobre todo, de los langostinos, eleva el listón de forma notable. Eso sí, sigo notando miedo al humo, y más aún al fuego.






Platos como el calamar, cuya “meunière” pide pase VIP directo al chiringuito, o el pulpo, quizás rodeado de más parafernalia de la necesaria, son ejemplos perfectos de las maravillas que aquí pueden hacerse. Aunque, siendo sinceros, lo mejor aún estaba por llegar: las carnes. Seguramente, gracias a ese mayor margen de error que les ofrece frente la parrilla. El cordero es simplemente espectacular y motivo suficiente para venir una y mil veces.






Cuanto más conozco a esta pareja de cocineros, más me fascinan sus proyectos, los equipos que consiguen formar y sobre todo, el buen rollo que desprenden. Pero también el curro que se meten yendo de un lado a otro para estar al loro de lo que pasa en cada una de sus casas. Cañitas Maite, Oba-, Eñe, Cebo… y ahora, Cañitas al Fresco, una especie de pop-up únicamente para la época estival y hacer más llevaderas las calurosas noches de La Manchuela. Hay cosas por pulir, pero el éxito ya está asegurado. Yo ya estoy deseando regresar a este chiringuito ibicenco, en el que no hace falta coger el yate o el jet, mucho menos pedir un préstamo para pagar las copas.
Lo mejor: Otra genialidad de los “Cañitas”
Lo mejorable: El servicio de coctelería
Lo peor: El miedo a la brasa (como ingrediente)

Cañitas al Fresco
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