
Calle de la Iglesia, 12
Moraira, Alicante
Tel. 633 125 381
www.carvon.es
Oasis (temporada 2)
El otro día volví a sacar mi ansiado Moraira’s Dresscode: camisa de manga corta, bañador y unas Crocs con calcetines por encima del tobillo. Tocaba volver a Moraira. Tocaba volver al que, para un servidor, sigue siendo el mejor restaurante del pueblo.
Recorro los alrededores de la Avenida Madrid con una parsimonia impropia de quien tiene hambre. No es por el innegable atractivo arquitectónico de la zona, ni por detenerme a contemplar los escaparates infestados de inmobiliarias que prometen el paraíso a partir de los dos millones de euros. Es por los restaurantes. Por sus cartas. Y, sobre todo, por su clientela. Un ecosistema fascinante donde un mismo local es capaz de ofrecer paellas, pizzas, “burgesas”, y nuggets de pollo para los más pequeños. La globalización, servida con patatas congeladas.




Pero como casi siempre, voy con los deberes hechos. Sé exactamente adónde tengo que ir. He vuelto a Carvón. Wo denn sonst? Uy, perdón… ¿Dónde, si no? Ese pequeño oasis gastronómico donde todo encaja con una armonía casi insultante. Germán, uruguayo hasta en la manera de entender el fuego. Sandra, la mujer de la eterna sonrisa. Y Juanjo, AKA “Spidey”, oficialmente ayudante de cocina y sala; extraoficialmente, un fenómeno paranormal. Lo mismo está rematando un pase entre fogones que sirviendo una mesa en la terraza o subiendo y bajando las escaleras de cocina al más puro estilo Hombre Araña. Da la sensación de que, si el cura de la iglesia de enfrente necesitara un relevo para la homilía, también llegaría a tiempo. Uno de esos personajes que nunca salen en la foto, pero sin los que el restaurante no sería el mismo. Tres piezas distintas. Un único engranaje.
Empezar con la ensaladilla de sepia es algo ya prácticamente obligatorio. No te va a cambiar la vida, pero tiene su rollo, como también lo tiene su buñuelo de bacalao, un imprescindible de la casa y un ejemplo más de hasta dónde puede llegar la harina de garbanzo cuando recibe tan buen trato. De largo, un bocado infinitamente mejor que la croqueta de puchero valenciano. Siendo sinceros, te diría que me recuerda más a una simple croqueta de jamón que a un puchero valenciano al uso, tanto por sabor como por textura. ¿Por qué no, una buena pilota con su caldito en la base…? ¿Y por qué no? Me contesta Aymeric Laporte.








Es entonces cuando aparece un muy buen steak tartar, en el que como viene siendo habitual peca de la actual moda de servirlo (casi) todo sobre pan brioche, tenga sentido o no, pero que en este caso por suerte, no afecta en demasía al conjunto. Es justo con el alcaparrón final cuando empiezan a sonar las campanas de Santa María dels Desemparats de Moraira. Los moraireros y moraireras comienzan a agolparse en la puerta de la iglesia. Yo observo el trajín desde la cristalera, sabiendo que no pienso moverme de allí. No porque tenga alguna deuda pendiente con la comunidad, sino porque por los altavoces de Carvón empieza a sonar Semilla en la tierra, de Carlos Chaouen, y desde la cocina un redoble de tambores termina de confirmarme, una vez más, que no marcar la X en la casilla de la Iglesia siempre ha sido una decisión acertada. Ese 0,7% de mis impuestos solo puede tener un único destino: la coca.




Pero esa no. La otra, la buena. La coca de Carvón. La de sobrasada de vaca madurada, queso de cabra y miel de Xalò. Un plato al que le han quitado algo de protagonismo (y también los apellidos) en carta, pero que sigue siendo uno de los grandes iconos de la casa. Pídela. Y acompáñala con una copa para la ocasión. Déjate llevar por Sandra, que de eso sabe un rato. Para terminar, un entrecote by Luismi que sigue sorprendiendo, aunque, viniendo de quien viene, quizá ya no debería. Gran producto, mucho sabor y una ejecución impecable por parte de Germán. Por poner un pero, ojalá los piquillos estuvieran un poco más confitados.
Había visto a gente comer marisco con cubiertos, pero lo de zamparse unas tellinas con cuchillo y tenedor es algo que me ha dejado marcado. Y eso es precisamente Carvón: un sitio que deja huella. Tanto por lo bueno de su cocina, por su calidad y por el pedazo de equipo que hay detrás, como por las sorpresas que, de vez en cuando, puede regalarte el cliente de la mesa de al lado.
➕ Reducto gastronómico con un equipo 10
➖ Ojalá algo más de marisco
✔ Reserva, y no barajes otra opción

Carvón
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