Carvón (Moraira)

Calle de la Iglesia, 12
Moraira, Alicante
Tel. 633 125 381

Oasis

Oasis, ese rincón del alma donde aún florece algo, incluso después de la sequía. Ese sorbo de aire fresco e inesperado en mitad de un desierto gastronómico que te hace volver a creer.

Carvón es ese oasis al que ansías regresar cuando todo lo demás se ha marchitado. Cuando los días de verano parecen haber llegado a su fin y la bonita Moraira se dispone a volver a su aparente, y MUY necesaria normalidad, a la de ese pequeño pueblo alicantino que, durante buena parte del año, parece hablar un idioma totalmente diferente. Entre toda esa morralla de restaurantes con un target de cliente más que evidente, emerge el proyecto más personal de Germán López y Sandra Rausell, un remanso de paz donde las brasas rugen sin hacer ruido, donde no se busca llamar la atención, sino cocinar con la serenidad de quien sabe escuchar al producto.

Carbón es la palabra clave. Todo pasa por él, desde su famosa ensaladilla “bruta”, el espencat o hasta un rodaballo que huele a mar y rescoldo o un entrecotte de vaca rubia que poco o nada tiene que envidiar a muchos chuletones de algún que otro asador especializado. El fuego está presente, pero no manda: acompaña. Como lo hace Sandra en Carvón (con uve) con sus vinos, sus botellas y una sensibilidad que pocas veces se ve en sitios de costa.

Muy buenos mosquitos, con un rebozado tan perfecto que por sí solo justifica el plato. Lástima que el romesco, pese a cumplir su papel, en ningún momento me recordara a esa famosa salsa catalana: le faltó ese punto tostado, avellanado o incluso ese toque avinagrado que la hace inconfundible. Nada grave, sobre todo cuando acto seguido aparece una de las mejores cocas que puede probar el ser humano. La masa de Germán, la sobrasada casera de vaca rubia gallega by Luismi, el queso de cabra El de Sereix y la miel del Montgó. Una coca ganadora de todo lo concursable.

Carvón es una locura.

Primero, por Germán. Por sacar petróleo de una cocina diminuta y, aun así, querer diferenciarse con una propuesta valiente en medio de un entorno plagado de chancletas con calcetines. Segundo, por Sandra. Por su profesionalidad, por su sonrisa eterna y por su capacidad de sacar adelante una sala y una terraza repletas sin que se note el más mínimo temblor. Tercero, por Spiderman. Ese ayudante de cocina que sube y baja la escalera como si cada pase fuera una escena de acción. Cuarto, por cómo se echan un cable entre los tres, con la complicidad de quien sabe que el éxito no se improvisa. Y quinto, porque sí. Porque lo fácil sería malearse, hacer el agosto y dejarse llevar. Y, sin embargo…

Cocina sencilla, sincera y con alma
Sentirte en Mallorca estando en Moraira

✔ La coca artesanal

Carvón
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