Casa Pescadores Bar (Valencia)

Calle de Pavia, 53
Valencia
Tel. 673 362 662
www.casapescadorescabanyal.com

Crecí en el Cabanyal

El Mediterráneo ya amaneció. Ahora falta que el barrio despierte del todo, y el mar deje su huella en El Cabanyal. Sal en el aire, luz baja en las esquinas y esa calma marinera que convierte cualquier bar en refugio y cualquier barra en hogar. Bienvenidos a Casa Pescadores – Zona Bar.

La segunda de las propuestas de Casa Pescadores es la zona Bar, el territorio más informal del proyecto, pero también uno de los más sugerentes. Un espacio pensado para dejarse caer, sin reserva previa, y empezar (o acabar) la experiencia sin solemnidades innecesarias. La decoración vuelve a ser uno de sus grandes aciertos: redes de pesca suspendidas en el techo y descolgadas sobre las paredes, madera envejecida, y objetos marineros que parecen querer contar historias. La luz, cálida y muy bien trabajada, aunque quizás algo escasa cuando la comida llega a la mesa, crea una atmósfera acogedora, casi de cobijo portuario. Todo está en su sitio, sin artificio, y recordándonos que aquí El Cabanyal, al igual que en la zona Restaurante no es un concepto, sino una forma de estar y de vivirlo.

Es en la zona Bar donde la propuesta gastronómica empieza a mostrar ese aura del (pedazo) equipo de cocina que hay detrás. Aquí aparecen las tapas y platillos de siempre: bravas, ensaladilla, sepia con mahonesa o croquetas, pero también la opción de tirar de chacinas, conservas y algo de producto fresco del día. Hasta aquí, todo resulta coherente y acertado; es precisamente en este punto donde debería ponerse el foco, siempre desde ese plus de calidad que aquí existe y que no se encuentra con facilidad en otros bares de la zona. El cocedero, sin embargo, merece una reflexión aparte. Debería ser uno de los grandes reclamos del espacio, casi su corazón visible, y verlo vacío no solo resulta triste, sino que debería estar prohibido. Más aún cuando ciertos productos que, por lógica y relato, deberían salir de allí, parecen hacerlo directamente desde cocina, perdiendo parte de su sentido.

Salen unas fabulosas ostras, un pulpo seco correcto y una sardina de bota con pimiento verde y huevo frito tan cabanyalera como reconocible. No falta una buena selección de salazones caseros ni unos boquerones que, pese a un rebozado algo basto, se muestran frescos y sabrosos en boca. Esta debería ser la tónica del lugar: platos sencillos, bien ejecutados y alineados con lo que uno espera encontrar. Resulta difícil de entender, por tanto, un plato de tellinas diminutas, a medio abrir y medio enterradas en arena, o unas gambas al ajillo totalmente pasadas de rosca, donde lo único que destaca es el ajo quemado y el pimentón requemado. Es cierto que estos desajustes se solventaron al instante, pero sorprende que platos así superaran el filtro de cocina, de sala, y llegaran a la mesa como si nada. Detalles que quizá podrían pasarse por alto en otros bares, pero no tanto en el bar de Casa Pescadores.

Conviene insistir en que esta es la zona más informal del proyecto, la más de paso, la más abierta a todos los públicos. Precisamente por eso, habría que asumir que no todo tiene cabida aquí, y menos aún ciertos productos que, por calibre, tanto en tamaño como en precio por kilo, distorsionan la realidad del espacio. Diferenciar bien los ambientes podría ser la clave no tanto para excluir, sino para dar cabida a distintos tipos de clientes, bolsillos y experiencias. La zona Bar no debería ofrecer jamás un chuletón de 100 €/kg. Y ojo con esto: lo he probado y puedo afirmar que es una de las mejores chuletas que he comido en la ciudad. Él lo sabe, yo lo se, nosotros lo sabemos. Pero, desgraciadamente, no encaja en un espacio tan de tránsito, tan de taburete bajo y de consumo ágil, donde se busca otro tipo de experiencia y otro ideal de cliente.

Este bar tiene barrio, tiene mar y tiene cocina. Falta afinar el discurso, ordenar la oferta y entender bien a quién va dirigida cada propuesta. Solo esto marcará la diferencia entre ser un buen bar o convertirse en un bar imprescindible del Cabanyal. El potencial está ahí; ahora solo falta que todo juegue en la misma dirección, incluido todo el equipo involucrado en el proyecto.

Me voy, el fuego Marcos me llama…

Estas tapas, en este espacio y en esta ubicación
Falta afinar el discurso y que el equipo sepa venderlo

Empezar aquí y acabar en parrilla es la dupla perfecta

Casa Pescadores
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