
Calle de Pavia, 53
Valencia
Tel. 673 362 662
www.casapescadorescabanyal.com
Nací en el Mediterráneo
El Mediterráneo amanece despacio frente a El Cabanyal. La luz entra baja y oblicua, acariciando fachadas que miran al horizonte con paciencia marinera; huele a sal, a madera húmeda, a redes que aún guardan la noche. Bienvenidos a Casa Pescadores – Zona Restaurante.
Cuando hablamos de El Cabanyal, hay tres nombres que, inevitablemente, me vienen a la memoria. Tres miradas distintas, pero un mismo escenario: el mar. Vicente Blasco Ibáñez, nuestro gran narrador del Cabanyal. Vivió frente al Mediterráneo y convirtió este barrio marinero en literatura universal, fijando para siempre su carácter, su aspereza y su verdad. Joaquín Sorolla, que sin ser vecino como tal, fue quien mejor pintó su mar. Esa luz, su luz, que hoy sigue definiendo el horizonte del Cabanyal y que nadie ha sabido atrapar como él. Y por último, pero no menos importante, José Miralles, nuestro Greta Thunberg por antonomasia, y defensor a ultranza de un barrio que no aspira a ser un lugar mejor, sino el mejor lugar de Valencia.




Miralles, junto a su socio Hugo, ha sido clave en la revolución gastronómica del Cabanyal. Una revolución silenciosa, inteligente, y lo más importante, hecha desde el respeto. Apostando por conceptos nuevos y actuales, sí, pero sin perder jamás la esencia del barrio, ni en cuanto al continente ni en cuanto al contenido. Lo último en llegar es Casa Pescadores, un proyecto que, junto al equipo de Jugando con Fuego (mejor equipo es imposible), me resultaba interesante desde el primer minuto, y me fascina desde sus primeros días de vida. Un espacio pensado en tres tiempos, y que es toda una declaración de intenciones:
• El BAR: informal, canalla, de tapeo con rollo. Para entrar sin pensar demasiado y quedarse más de lo previsto.
• La PARRILLA: el territorio más gastronómico. Donde se mide el pulso real de la cocina y se entiende el nivel que aquí se maneja.
• El RESTAURANTE (el que hoy nos ocupa): un espacio de mediodía, con menú fijo, concebido no solo para comer bien, sino para devolverle sentido a la sobremesa. A sentarse, a conversar, a dejar que el tiempo pase como pasa en el Cabanyal: sin prisa, pero con intención.




Entrar al restaurante es abrir una puerta a una antigua casa de pescadores y carpintería naval. Visualmente, es una maravilla. La luz, la madera, el suelo… y ese olor a mar que brota de las marmitas. Todo suma en un espacio simplemente espectacular. El anís de bienvenida, las servilletas, la vajilla, el flamenco, la coca, el cremaet… cada gesto está pensado y diseñado con la maestría de quien ama y respeta el barrio. Y conviene decirlo tal cual te lo voy a decir: estos detalles brillan de verdad a primera hora, cuando el salón aún respira. Antes de que el espacio se llene, la insonorización empiece a resentirse y el servicio, con una falta de rodaje preocupante, comience a hacer aguas. Y es que resulta curioso ver como lo mismo hay tres camareros a los que poder recurrir, como que de repente y por arte de magia ¡tachan! Ninguno en todo el restaurante, y de repente, vuelven a aparecer por la puerta principal. Una pena porque cuando todo encaja, tanto el relato como la puesta en escena es impecable; cuando no, el contraste se nota demasiado.
Y el problema es precisamente ese: que si se percibe cierto descontrol con apenas cinco mesas, no quiero ni imaginarlo un domingo a mediodía, mucho menos en pleno verano. Porque este espacio pide calma, conversación y sobremesa por supuesto, pero cuando el ruido, los tempos y la falta de profesionalidad se impone, el encanto se diluye. Si a eso le sumas algún que otro cliente que ya viene con la “arrancaora” servida de casa, ¡peligro! Y sería una lástima que un proyecto tan bien pensado, se quedara en la intención, sin llegar del todo a la experiencia. O peor aún. Que el verano, que en esa ubicación es muy traicionero, trajera consigo una lectura más apresurada del espacio, con más mesas (o incluso terraza), con el temido doble turno y con menos margen para que las cosas ocurran como deberían.




La propuesta, con muy buena relación calidad-precio, es un menú cerrado que cambia a diario, y en la que únicamente debemos elegir el principal. La posibilidad de añadir fueras de carta me fascina, y además lo veo súper necesario para los que busquen ese plus al menú cerrado, pero lo de los suplementos no lo veo claro Rick. Nunca me han gustado, pero en un sitio con 3 opciones a elegir, menos aún. Todo lo probado, a excepción de los buñuelos de bacalao me parece notable, siendo el platito de cuchara, en este caso unas alubias con alcachofas y blanquet, el pase de oro definitivo para la cocina de Victor y su equipococina. Caso aparte, esas almejas XXL que aunque no salieron de esos fuegos, sí es cierto que por su salinidad surgieron de los mejores mares. Increíbles. Te diría que lo ideal aquí sería terminar con el arroz, y dejar el resto de principales para los otros espacios. De momento solo trabajan melosos, y reconozco que tanto la calidad como la cantidad es muy buena. Buen sabor, y mejor punto del grano, que llega perfecto para quien lo prefiera un pelín más hecho, que se acabe de hacer con el propio calor residual.








¿Qué se echa en falta en el restaurante/arrocería de Casa Pescadores? Pues sin ningún género de dudas la figura de un/a jefe/a de sala de los de siempre. De esos de la vieja escuela que te recibe (y te reconoce tras tu primera visita), que te acompaña a la mesa, que te toma la comanda y se acabó. Desaparece, y aunque no lo vuelvas a ver, sabes que él sigue ahí, pendiente de su equipo y de todas las mesas, de cómo va todo y que ojalá siempre te vayas con una sonrisa más grande que con la que entraste.
Casa Pescadores es posiblemente el mejor proyecto hasta la fecha del equipo Mercader. Podría asegurar no solo que es el más personal, sino también el más auténtico, y es que aquí, como en las novelas de Blasco Ibáñez, en los lienzos de Sorolla, o en la vida de José Miralles y Hugo Cerverón, el mar siempre está presente, aunque no lo mires directamente.
Me voy, el mar Bar me llama…
➕ El espacio, la música, la arrancaora, los detalles…
➖ Conforme se llena, empeora la acústica y el servicio
✔ Viernes, Sábado y Domingo… sobremesa con música en directo

Casa Pescadores
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