¡Soy la cuarta pata!

Carrer de Can Sunyer, 48
Girona, España
Tel. 972 222 157
www.cellerdecanroca.com

¡Soy la cuarta pata!

La humildad es una virtud totalmente ajena a la posición económica o social. Una persona humilde no se siente superior ni inferior a nadie, sino que siente el mismo respeto por todas las personas de su entorno y sabe valorar sus esfuerzos.

Un año más. Otro año en el perpetuo mejor restaurante del mundo, porque aunque según los 50th Best sea el turno del merecido Disfrutar, la R de tres patas siempre será eterna. Siempre he dicho que el actual Celler de Can Roca no es el restaurante más innovador del mundo, ni tampoco donde cada plato vaya a marcar un antes y un después en tu vida, pero sin embargo, todo allí es perfecto. Sólo los que conocen el universo Roca sabrán a lo que me refiero.

Son tantas las visitas que ya me he tomado la libertad de sentirme parte de la familia, así que como no presentarme en el restaurante (primero de los padres como de costumbre), tomarme una cerveza frente a Narciso para pocos minutos después retroceder por la carretera de Taialá y entrar en el templo con la consabida chaquetilla de chef del mismísimo equipo del Celler. De hecho, creo que a partir de ahora lo voy a hacer siempre que venga a comer aquí. ¡Soy la cuarta pata!

Todas mis experiencias siempre han sido calificadas como la perfección absoluta, bien es cierto que el año pasado no fue así, hubo un pequeño bajón en el conjunto general de la comida, pero cada vez tengo más claro que fue por algo totalmente ajeno al restaurante, y más bien por culpa de una mesa de cuatro americanos pastosos y maleducados que tuve al lado. Y es que aunque parezca una gilipollez, al igual que hay sitios a los que prefiero ir sólo y otros a los que es mejor ir acompañado, en este tipo de restaurantes me afecta de manera notable cualquier distracción, por pequeña que sea. Son sitios donde los cinco sentidos tienen que estar donde deben estar.

El Celler de Can Roca

Me siento, observo el bosque interior de la sala, rodeado por el acristalado triángulo perfecto, la luz atraviesa el techo iluminando de forma uniforme la gran mesa vestida de un blanco impoluto. Brindemos, empieza el espectáculo y lo hace con una de las secuencias más elegantes que recuerdo. Un ejemplo de ese tipo de platos que busco en restaurantes de este calibre, no sólo producto y técnica sino emoción y sorpresa. Un consomé de tres caras en que cada caldo representa y dibuja el perfil de los hermanos. Caldo de cacao y Jordi Roca. Jerez y Josep Roca. Caldo de ternera y Joan Roca. Tan simple y a la vez tan elegante que se convierte en uno de los mejores inicios de los últimos años, a la altura de la mítica bola de “El Mundo” o de aquel “Memorias del Bar Can Roca”.

Y tras el emocionante preludio, llega la secuencia de aperitivos donde no tiene sentido nombrar ni describirlos todos, pero sí recalcar aquellos que ya son marca de la casa y además, sabores casi mágicos, como es la secuencia de trufa de verano, caliente y fría, el canelón de la Montse o la olivada. Increíbles bocados que de una manera u otra siempre aparecen en el menú y jamás me cansaré de comer. Y ahora sí que sí, tras hablar un rato con el “Pitu”, él de traje, yo con mi chaquetilla de chef, da comienzo en menú

“Malas hierbas”, Fresco y Maduro (interesante maridaje comparativo el que acompaña esta combi), y Tubérculos es el nombre de esos primeros pases que sin ser nada del otro mundo sirven de antesala para platos mucho más contundentes en todos los aspectos, incluyendo el aspecto visual, algo que en esta ocasión me llamó la atención (para mal) en un par de platos, sobre todo en ese estofado de tupinambo con crujiente de patata morada y ese pase de anguila con cerezas. Así se lo hice saber a Pablo quién amablemente se lo comunicó a cocina.

Continuamos con un refrescante escabeche de mejillones y como no, con el homenaje a la siempre fantástica gamba de Palamós, un plato que recuerda de manera notoria a ese otro icono de la casa “Toda la Gamba” que desde el 2017 suele formar parte de los aperitivos y merece ser transcrita tal cual es: marinada en vinagre de katsuobushi. Jugo de cabeza de gamba. Patas de gamba crujientes. Bresa. Caldo de gamba. Reducción de caldo de gamba. Concentrado de gamba en Rotaval. Velouté de gamba. Velouté de gamba y Plancton. Un bocado que para quienes lo han probado gana por KO a esta nueva propuesta igual de buena, pero mucho menos atractiva.

Llega una nueva propuesta que no recordaba de El Celler de Can Roca y me gusta, el emplatado a vista del comensal de la pesca del día, en este caso de una escorpa a la brasa con el jugo de espinas y naranja. Quizás no sea el pescado más fácil de manejar y pueda parecer arriesgado el hecho de terminarlo a un metro de distancia del cliente pero son detalles que se valoran, gustan y considero necesarias en un tres estrellas. Y tras la Morena Mimosa, hace su aparición el plato del día, la cigala con parfait de pularda, un mar y montaña tan equilibrado y perfectamente ejecutado que la foto del plato en blanco sirve como señal inequívoca de lo que estoy diciendo. Simplemente perfecto.

Pasamos a las carnes con el ya omnipresente pichón, una llata de ternera con setas y con el “xuixo” de pato. Este falso suso es prácticamente idéntico al pase final del año pasado, pero emplatado de manera diferente aunque delicioso igualmente. Y tras esto una taza de plastilina. Sí, sí, tal cual comerte un trozo de plastilina como hacíamos de pequeños y que te prepara para la parte dulce del menú en la que no puede faltar la “nube” con lluvia de Primavera y un nuevo Flower Boom que recuerda al “parque de bolas” pero siendo este nuevo mucho más floral y en el que sólo los apasionados de la rosa disfrutarán.

Y justo antes del café final… aquí estoy, en pleno Malecón de La Habana, el sillón más grande del mundo disfrutando de mi Partagás, mi mojito cubano y pensando en que son este tipo de detalles los que hacen más grande si cabe a este restaurante, porque pocos sitios a veces tan herméticos te permiten hacer algún ligero cambio, mucho menos pedir un antojo y tenerlo cual embarazada en tu mesa. Yo llegué, tuve el capricho de “Viajar a la Habana” y rememorar ese primer gran postre de Jordi, una absoluta obra maestra que ya por el año 2001 supuso la incorporación del humo en las moléculas grasas.

La vida está hecha de pequeños detalles que dan sentido a la misma, y la casa de los hermanos Roca es una fábrica de sueños donde todo el mundo entra emocionado y siempre sale más contento. Quizás tengo la suerte (y la bendita desgracia) de poder ir todos los años y quizás por eso haya platos que no me sorprendan como en los inicios, incluso de repetir variaciones de los mismos, y sin embargo, me voy pensando en la siguiente visita. Será en Junio del 2025, aunque quien te dice que no lo haga también este próximo Diciembre… me reconocerás por la chaquetilla de chef blanca con la R de tres patas en el pecho.

Celler de Can Roca 2023
Celler de Can Roca 2022
Celler de Can Roca 2021
Celler de Can Roca 2020

Lo mejor: El universo Roca siempre será eterno
Lo mejorable: Ciertos emplatados
Lo peor: ¿Poder ir todos los años?

El Celler de Can Roca
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