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1 life up
Cyberpunk 2077. El juego más esperado del año, todos los medios hablaban de él, un boom desmedido no se hasta que punto. Y en cuanto me tocó a mí, resulta que fue el juego con más bugs que se recuerda, un Game Over de principio a fin.
Pero cómo te dije una cosa, te digo la otra. Y al igual que en mi primera visita a Cocleque perdí la partida desde el minuto uno, ahora toca reconocer que las tornas han girado. Hoy no queda otra que aplaudir la mejora, tanto en la organización de la sala como, sobre todo, en lo que sale de cocina. Tras aquel precipitado boom inicial que no supieron gestionar, y que convirtió cada servicio en una especie de batalla campal, ahora la cosa respira calma. La sala funciona, no se atropella, y en cocina se nota un cocinero que por fin se ha sentado en su silla, ha respirado hondo y ha decidido centrarse en lo que importa: los platos y los sabores.




La propuesta sigue siendo corta. Demasiado corta. Más aún cuando la carta no tiene una rotación constante, ni esos fueras de carta que debería exigirte el hecho de tener el mercado del Cabanyal literalmente a dos pasos. Pero lo que hay, hay que decirlo, está mejor. Mantienen algunos clásicos y los afinan como si hubieran pasado por un segundo ensayo: misma idea, pero mejor ejecutada. Emplatados más cuidados, sabores más potentes y esa marcha extra que antes se echaba en falta.




La ensaladilla rusa, sin ir más lejos, o la propia stracciatella con bonito siguen siendo platos sencillos, pero probablemente los que mejor resumen esta evolución. Ambos dos tienen un toque diferenciador, y eso siempre es de agradecer. Con las gyozas, sin embargo, sigo viendo el mismo patrón: la idea es buena, la ejecución todavía no. El relleno se queda demasiado deslavazado, como si cada ingrediente fuera por libre. Está la sepia, sí, pero aparece en forma de trozos sin gracia, sin esa mordida que te haga entender el porqué del plato. Y luego está el coronado final: un crujiente de cebolla que, sinceramente, aporta poco más que redundancia. Cambiarlo por unas patitas de sepia fritas o en tempura sería un plus considerable; textura, intención y, sobre todo, coherencia. Al fin y al cabo, el tono encebollado está presente en cada bocado.




Al igual que en su día destaqué los callos, pese a aquella incomodísima oblea de arroz que parecía más una prueba de vanguardismo que un elemento del plato, hoy vuelvo a subrayar la calidad del guiso de temporada. En este caso, un gazpacho manchego muy cuidado, y presentado en una versión 2.0 que funciona bastante bien. Lástima de ese postre no postre, que fue con diferencia la parte más floja del menú. Una idea cogida con pinzas que no tenía gracia alguna. ¿Por qué no versionar un tradicional arroz con leche, pero con leche de coco…? Un bluf que se pudo acompañar con esa maravillosa cafetera italiana by FOC Coffee servida en mesa, que ya en su día funcionó y que, por suerte sigue vigente.
La evolución está ahí. Ahora falta convertirla en identidad. Porque la propuesta de Adrià Inglés, aunque por momentos parece ya vista, es más interesante de lo que aparenta cuando está bien ejecutada. Ahora que todo parece más ordenado, sólo queda esperar que esta línea siga in crescendo, que la propuesta gane en profundidad y que Cocleque termine de encontrar esa personalidad que apunta y, a ratos, roza.
➕ La parte salada empieza a decir cosas
➖ El postre menos postre
✔ La sobremesa by FOC Coffee

Cocleque Restaurante
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