Coral Menorca (Ciutadella)

Urb. Torre de Ram III, 17
Ciutadella, Menorca
Tel. 624 411 105
www.coralmenorca.es

El sol se pone, Coral se queda

Reconozco que, por su ubicación, por parte de su público (y publicaciones) o incluso por presumir de uno de los atardeceres más privilegiados de toda la isla, venir ya me suponía un pequeño esfuerzo personal. No físico, sino mental: dejar los prejuicios de lado antes de sentarme a la mesa.

Y aunque todo eso existe, y buena parte del público de Coral parece más preocupado por combinar outfit y ángulo de mandíbula para la foto del atardecer que por comprobar si el pescado está en el punto exacto de cocción, reconozco que, cuando consigues abstraerte de ese pequeño casting permanente de Instagram y centrarte en lo que llega a la mesa, y en lo que el paisaje menorquín te regala, sales de Coral no solo contento, sino con ganas de volver, y convertir esa panorámica frente a ti, copa en mano y disfrutando de la cocina de Federico Giomi, en uno de los mejores recuerdos del verano.

Sobra decir que la velada en Coral debe empezar bastante antes que la cena. Llegar con algo de tiempo, pedir un buen cóctel o una copa de espumoso y dejar que sean el cielo y el Mediterráneo quienes vayan poniendo los primeros platos sobre la mesa. Ojalá, eso sí, una bodega algo más ambiciosa, una mejor cristalería, no para todas las mesas, obviamente, porque visto lo visto quizá el negocio no saldría rentable y, sobre todo, un jamón cortado a cuchillo como merece el producto. No te pido un maestro jamonero, pero sí un mejor corte, un correcto atemperado y un emplatado bastante más acorde con el lugar, y el momento.

Puede parecer una gilipollez, pero precisamente ahí están muchas veces las diferencias entre estar contento y estar muy contento. Quizá sea esa falta de empaque en algunas de las cosas que llegan a la mesa el verdadero punto de inflexión que Coral necesita para conquistar a otro tipo de público: no necesariamente más gastronómico, pero sí más interesado en descubrir hasta dónde puede llegar la cocina de Federico que en comprobar si “el filtro beauty está activado”.

La propuesta juega en la liga de ofrecer un poco de todo y para todos los gustos. Pastas, arroces, carnes, pescados y hasta la totalmente prescindible opción infantil. Y pese a una oferta tan variada, algo que no siempre suele ser buena señal, todo lo probado está realmente bueno. La berenjena, sin ir más lejos, está impresionante. Sobre el papel, semejante despliegue de toppings podría acabar convirtiendo el plato en una pequeña verbena, pero funciona: es sabroso, muy fácil de comer y, sobre todo, sorprendentemente equilibrado. Algo parecido ocurre con la picanha tonnata, una vuelta de tuerca al típico vitello tonnato que aparece en muchos restaurantes italianos del mundo. Aquí, sustituir la ternera habitual por una pieza infinitamente más grasa, y por tanto más sabrosa ya supone ganar varios enteros, pero es la propia salsa, junto al juego de encurtidos lo que termina de aligerar y redondear el conjunto. Gran plato.

Como platos principales, un siempre agradecido cap roig y la costilla a baja temperatura. Una vez más, considero que la pieza de pescado ganaría bastantes enteros si se presentara primero en crudo frente al comensal, más aún tratándose de pesca del día y, por tanto, fuera de carta. No deja de ser una pequeña liturgia, pero también una forma de poner en valor el producto. Respecto a la costilla, se entiende perfectamente que sea uno de los platos estrella del restaurante. Se deshace en la boca y, además, tanto el chimichurri como esos simples granos de mostaza encurtida acompañan con elegancia, sin camuflar en ningún momento el sabor de la carne. Punto a favor también para la guarnición: la patata no es el típico mazacote de parmentier, sino en una emulsión muchísimo más ligera que acompaña sin añadir más peso a un plato que ya tiene suficiente contundencia por sí solo.

La maravillosa estampa del ocaso frente a nosotros llega acompañada de un postre a base de higos, que ojalá hubieran pasado ligeramente por la brasa, y de una tabla de quesos de Mahón a la que, como ocurre incomprensiblemente en demasiados restaurantes de la isla, le falta algo más de mimo. Nada nuevo. Hablando de mimo… agradecer a Dal, Cristina, Silvia y al propio Federico, el cariño prestado.

No sé si el siguiente paso de Coral pasa por elevar aún más la calidad del producto, incorporar alguna que otra pieza de marisco o ampliar la bodega. Puede que sea bastante más sencillo que todo eso y consista únicamente en vestir mejor lo que ya existe, en dar mayor empaque a todo aquello que rodea la buena mano de Giomi y su equipo. Porque cocina hay. Y bastante más de la que probablemente muchos imaginan cuando llegan hasta aquí atraídos únicamente por una de las puestas de sol más bonitas de Menorca. Yo mismo llegué con algún que otro prejuicio y me marcho con ganas de volver. Porque quizá Coral no sea simplemente un lugar privilegiado donde cenar mientras cae el sol, sino uno de esos sitios en los que merece la pena darse un verdadero capricho y que, con cuatro detalles bien afinados, podría terminar convirtiéndose en una referencia de la isla.

Mientras tanto, el Mediterráneo empieza a perder su azul, el cielo se incendia sobre el horizonte y las mesas van quedándose a oscuras muy poco a poco. Apuro lo último de la copa pensando que, al final, quizá esa sea la mejor noticia que puedo llevarme de Coral: vine hasta aquí pensando que lo verdaderamente extraordinario estaría frente a la mesa y termino descubriendo que, algunas noches, también puede estar encima de ella.

➕ Una muy buena cocina en un emplazamiento paradisíaco
➖ Se echa en falta mayor empaque e identidad menorquina

✔ Quitarse la etiqueta de spot para el sunset sería clave

Coral Menorca
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