De Contrabando (Valencia)

Calle de Cadis, 61
Valencia
Tel. 960 715 920
www.decontrabando.com

Traigo buena mercancía

Shhh tú, si tú. Ven. ¿Buscas algo potente? Tengo buena m*erda. Pura, sin rebajar, y directa del origen. Pasa, pero ve con cuidado que engancha…

La puerta se abre y uno espera penumbra. Un pasillo estrecho. Humo suspendido en el aire. Miradas que no parpadean. Hombres apoyados en las paredes, mandíbula tensa, manos ocultas bajo la mesa. Me imagino bombillas desnudas balanceándose sobre madera húmeda, y susurros que se cortan cuando entras. Pero no.

Lo que recibo al atravesar las puerta de De Contrabando es un “buenas noches” de esos que parecen la mejor bienvenida posible. Dos simples palabras acompañadas por una sonrisa que presagia hospitalidad sincera. Como esas manos que aprietan firme, o ese abrazo que, aun siendo el primero, no suena a trámite, sino a verdad. Y en ese instante entiendes algo: aquí el único contrabando es la calidez que se cuela por la puerta de la calle Cádiz y ya no te suelta.

Al frente de De Contrabando, Pedro López, chef canario que ha traído a Valencia un concepto que ya llevaba funcionando con bastante éxito en las islas desde 2019. Su propuesta gastronómica se articula en torno a una carta divertida, pensada para compartir, con claros guiños a Latinoamérica y pinceladas asiáticas. Una especie de aquel Rodamón que en su día lo petó en Ruzafa, y con algún eco de El Aprendiz o Gazuza.

Es cierto que muchos de los platos llegan con un exceso de toppings que, a priori, podrían parecer innecesarios. Sin embargo, en la mayoría de los casos el conjunto funciona: todo resulta apetecible, incluso elaboraciones menos agradecidas a la vista como las setas con morro o las vieiras con puré de apionabo, que conquistan más por sabor que por estética. Curiosamente, son los platos más “simples” los que me dejan más frío. El tataki de picaña, por ejemplo, no necesita prácticamente nada más, menos aun cuando se vende una carne con nombre y apellidos. Y el salmón, como también puede verse en las fotos, termina diluido en un exceso de leche de coco que lo eclipsa por completo, desdibujando ese carácter ahumado y profundo que un kamado bien trabajado debería dejar como firma final.

La bodega, al igual que la carta, resulta algo corta, pero esconde alguna que otra referencia curiosa y poco vista, perfecta para acompañar esa cocina viajera, mestiza y con querencia por las mezclas inesperadas. Como ya adelanté, la atención, tanto por parte del propio cocinero como del chico de sala, merece mención aparte. Cercana, honesta y sin imposturas, algo que siempre suma y que, en este caso, se convierte en un motivo más para acercarse a De Contrabando, seguir de cerca una evolución que pinta bien y, por qué no decirlo, hacer algún que otro trapicheo por debajo de la mesa.

Y recuerda, al loro con la dosis, que esto engancha…

La hospitalidad y amabilidad de sala y cocina
El salmón se perdió por el camino

Terminar con un chupito picante

De Contrabando Restaurante
Facebook | Instagram
 

Todas las imágenes tienen copyright

No te pierdas nuestra última entrada

Deja una respuesta