El Galliner (Faura)

Carrer de Colom, 42
Faura, Valencia
Tel. 684 477 007

Gallina jove fa bon caldo

Un zorro con piel de cordero, un peligro disfrazado de amabilidad, un cuchillo envuelto en terciopelo… todo eso y mucho más, en una típica calle de pueblo del municipio de Faura. ¿De dónde? De Faura.

¿Y dónde está Faura? Pues pasando Sagunto y poco antes de llegar a Almenara, te desvías un poco a la izquierda y ahí lo tienes, en la calle Colom (paloma en valenciano), El Galliner, un “simple” bar del que siempre sales con la sensación de haber estado en un pedazo de BAR. Uno que, de puertas para dentro y de cocina hacia fuera, sorprende con platos e ideas más propias de un restaurante con cierto nivel que de un bar de pueblo al uso. Quizás el continente sea lo único que no se preste a semejante sustantivo, pero todo eso pasa a un segundísimo plano en cuanto Javi empieza a hacer su magia en los fogones y Raúl o Edu te acogen en la sala.

Javier Ruiz no es precisamente nuevo en esto de la cocina. Su paso por restaurantes de cierto nivel no solo le ha servido para afinarse, sino también para darle una vuelta de tuerca a locales que, a priori, parecen mucho más humildes. Ya lo hizo en Ca Lali y ahora repite jugada en su actual gallinero, demostrando que no hace falta mantel de tela ni grandes vajillas para disfrutar al máximo. Lo que sí me parece una pena es que tras más de dos años, y habiendo dejado de lado el tema de los almuerzos, tengo la sensación de que no quiera creérselo del todo y se le dé tanto protagonismo a un menú del día que por cierto, es una auténtica ganga, frente a una carta que parece estar medio escondida y que debería estar mucho más presente. Y es que es precisamente ahí donde te haces una idea de lo que el cocinero es capaz de hacer. Como si el gallo que tienes en el corral supiera cantar, y sin embargo prefieres que lo haga con un silenciador en el pico.

Pese a ello, y aun teniendo la sensación de estar forzándoles la máquina, siempre he preferido tirar de carta o, al menos, añadir algún que otro extra al menú. Hay cosas que no tienen mucho misterio, pero que se agradecen: las croquetas de pollo, la ensaladilla o incluso un simple plato de tomate. Sí, son tomates, sin más… pero son de Berzas 5.0, y eso ya sabes que significa, momento ideal para recordar a qué huelen las nubes, a qué saben las estrellas.

También hay opciones igual de buenas, e incluso más interesantes. No por sofisticación, sino porque es ahí donde realmente se ve la mano de Javi: en esa titaina con atún Balfegó y piparras, en el ajoblanco con gamba y bajoqueta, o en ese timbal de manitas con gambas. Esa vuelta de tuerca que, sin embargo, echas de menos en platos como el de cordero. Riquísimo, con unas patatas fritas de escándalo… pero, ¿where’s the Javi’s touch? ¿Y el pan de pueblo bueno para mojar?

Los arroces, sin embargo… meeeec. No sé, el de pescado fue un fail total. Bueno, el grano estaba en su punto, quizás algo entero para algunos, pero el sabor era pimentón, y poco más. Para rematar, unos gambones más secos que el Valle de la Muerte, que desmerecían cualquier atisbo de arroz de pescado o marisco que se quisiera presentar. Se entiende que, con un menú de 15,50€, no puedas permitirte ni el mejor fumet ni la mejor gamba roja del Mediterráneo. Pero precisamente por eso, mejor evitarse líos y apostar por otros toppings más humildes, que además te den margen de maniobra… y de ganancia. El recipiente tampoco ayuda. Quizá para el horno funcione, y en una cocina pequeña tiene su lógica, pero donde se ponga una buena paella (no de las negras esmaltadas) que se quite lo demás.

Ir a El Galliner supone coger coche y eso siempre es una putada, pero también te digo que El Galliner es un cuatro cucharas de manual (aunque toca esperar), y parte de culpa la tiene el buen rollo que se respira dentro del corral, donde todos parecen conocerse. Los parroquianos de siempre, los clientes que se desplazan adrede o esa gente del gremio que, en su día libre, busca una de las mejores opciones de la zona. Nombres como Víctor Aliaga (Amarre29), Verónica Martínez o Roberto Peña (Propi Restaurant) parecen ser habituales de este local que, personalmente, me encantaría que alzara más la voz. O lo que es lo mismo: coger al gallo Merab Dvalishvili y convertirlo, en la bestia Fiódor Yemeliánenko.

Lo mejor: Un local como tú, en un sitio como este
Lo mejorable: Quitarle el silenciador al gallo
Lo peor: Dejar la carta tan de lado frente al menú

El Galliner
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