
Plaza del Carme, 25
Mahón, Menorca
El futuro sabe a maíz
La idea de este año era estrenar ubicación y, sobre todo, conocer una nueva etapa del restaurante. Aún no sé si mejor, peor o simplemente distinta, pero seguramente más cómoda. Sin embargo, los planes, como algunas tortillas (mexicanas), también se tuercen, y la mudanza tendrá que esperar hasta el próximo verano…
Por suerte, o por desgracia, según se mire, esta cuarta visita volvió a producirse donde empezó todo. En el mismo lugar en el que, cuatro veranos atrás, entré buscando unos buenos tacos y salí preguntándome cómo demonios había encontrado uno de los mejores mexicanos ya no de Menorca, sino de España.




Adoro El Mezquite. Desde el primer día. Desde aquel primer agosto en el que una barra baja, apenas dos mesas altas y una cocina minúscula fueron suficientes para regalarme una alegría inmensa. Desde entonces se convirtió, junto a Bar Lemon y Pez Limón, en uno de esos lugares que forman ya parte de mi particular calendario menorquín. Sitios a los que no necesito buscar una excusa para volver porque la excusa, sencillamente, es volver. Y en el caso de El Mezquite hay, además, algo que va bastante más allá de la comida. Está el cariño que, sin conocerlos realmente de nada, uno acaba cogiendo a Luis y, sobre todo a Karen, la mujer de la eterna sonrisa. Pero está, sobre todo, la admiración por todo lo que han conseguido levantar en un lugar que no siempre pone las cosas fáciles, y mucho menos cuando uno decide hacer algo tan personal, tan distinto y tan poco dispuesto a plegarse a lo evidente.
Pero como te digo una cosa, te digo la otra. Hay una decisión de El Mezquite que sigo sin terminar de entender: la de no “aceptar” reservas. En el fondo, sí que entiendo el motivo. Al menos en verano, cuando la rotación es enorme y hay clientes que con un par de tacos son felices y dejan libre la mesa en cuestión de minutos. El problema es que, si a mediodía el orden de llegada puede convertirse ya en un pequeño caos, por la noche la cosa roza directamente la pesadilla, y casi siempre por culpa de un público que no parece tener demasiado claro que esperar turno no convierte la puerta del restaurante en territorio comanche. No es algo que me sorprenda a estas alturas. Después de cuatro veranos sé perfectamente cómo funciona. Pero precisamente por eso me sigue llamando poderosamente la atención que, año tras año, uno de los aspectos, si no el único, más incómodos de la experiencia continúe siendo exactamente el mismo.








Respecto a la cocina, no voy a descubrirte algo que no sepas ya. Una propuesta mexicana corta, a priori informal, a base de totopos, tacos y unas tostadas de maíz crujiente con producto marino que son una absoluta maravilla y, de largo, el gran elemento diferencial de la cocina de Luis Loza. Atún rojo, langostino, vieira, pulpo y, este año, un especial a base de carabinero que es poco menos que el lujo durmiendo sobre una tortilla.
Es precisamente en estos bocados donde uno entiende que, con un continente a la altura, la propuesta del cocinero mexicano no es que vaya a ser mejor: es que puede pasar de ser una joya escondida a convertirse en un restaurante con todas las letras, y sin perder un ápice de identidad.
El Mezquite 2025
El Mezquite 2024
El Mezquite 2023
➕ La cocina de Luis. La sonrisa de Karen
➖ Lo de siempre. Ese sin reservas. Ese orden de llegada
✔ ¿Será 2027 el año del gran cambio…?

El Mezquite. Taquería y Marisquería
Todas las imágenes tienen copyright
No te pierdas nuestra última entrada
