Del cielo al infierno

San Juan Plaza, 1
Atxondo, Bizkaia/Vizcaya
Tel. 946 583 042
www.asadoretxebarri.com

Del cielo al infierno

Hoy no vas a ver fotos, tampoco una valoración final sobre el restaurante, mucho menos cada uno de los platos ofrecidos. Tampoco te hablaré del servicio de sala, ni si merece la pena mover cielo y tierra por ir adrede hasta allí. Hoy leerás algo más importante, algo que muchos piensan pero pocos se atreven a contar. Bienvenidos al único restaurante donde no eres bienvenido.

En ningún restaurante del mundo he sido tan feliz como en Etxebarri. Y lo era aún más cuando terminaba de comer y llegaba el mejor momento de la velada, bajar a cocina a ver a Bittor, un recibimiento y una forma de hablar que hasta el propio Paul y Héctor se preguntaban si éramos familia; cómo estás, me alegro de verte un año más, qué tal el Parque Natural de Urkiola, darle algún regalo que le llevaba expresamente desde casa e incluso dejar cerrada allí mismo y entre las ascuas la reserva de mi próxima visita al restaurante. Aquí venía cada Marzo a celebrar mi cumpleaños (muchas veces era él quien me decía que día era el mejor para ir) y si podía repetir en cualquier otro momento a lo largo del año, no me lo pensaba dos veces.

Y es que por Bittor Arginzoniz, tanto la persona como el cocinero siento devoción desde hace muchísimo tiempo y he sido capaz de hacer locuras tales como levantarme a las cinco de la mañana, hacer casi siete horas de viaje para llegar a comer, terminar pasadas las seis de la tarde y volver a coger el coche de vuelta a casa. Tampoco me ha importado nunca perder un día de trabajo, coger un avión bien temprano hasta Bilbao, alquilar un coche en el propio aeropuerto, dirigirme a Atxondo y hacer tiempo con un zurito en la barra de Gazte-Leku, y poco después emprender el recorrido de apenas dos kilómetros que te separan del paraíso. Siempre controlando los tiempos para no perder el avión de vuelta a casa.

Mi fervor por Bittor no va a cambiar, pero sintiéndolo mucho, puedo prometer y prometo que nunca jamás volveré a pisar su restaurante, mi restaurante favorito del mundo. Me hubiera gustado ir una vez más, la última y no por mí, sino por cumplir el sueño de una pareja de amigos que han hecho lo imposible por hacerlo realidad. No ha sido posible y me temo que mi paciencia se ha agotado. Paso de seguir haciendo el gilipollas y mendigar por una mesa en un lugar en el que no soy bienvenido. Ya no. Yo he ido a Etxebarri seis o siete veces, no se si son muchas o pocas, y como en cualquier otro local de tal magnitud, conseguir mesa no siempre ha sido fácil, pero nunca imposible. Hasta ahora, o mejor dicho hasta hace unos años, cuando se decidió cambiar a un nuevo sistema de reservas gestionado por SevenRooms que no vale para absolutamente nada.

¿Por qué? Te preguntarás. “Porque esto es una propiedad privada y por tanto nosotros decidimos quien viene y quien no. ¿Tú has estado aquí alguna vez?” Esa fue la frase lapidaria con la que me despidieron tras mi última visita. Sobra decir que no perdí el tiempo ni en contestar, me levanté y hasta más ver.

Por eso digo que ni os molestéis en introducir los datos, toda esa información es una farsa. Pero eso sí, cuanto mayor sea tu capital o el renombre de tu empresa, más probabilidades hay de que ese “derecho de admisión” brille por su ausencia (y que te respondan casi de inmediato al whatsapp que acabas de enviar…) Desde entonces, aquí se viene por enchufe, por poner un pastizal en la mesa reserva o porque llegado el día y tras equis llamadas a los clientes habituales si ven que no van a llenar, llaman a los clientes “normales” que están en “lista de espera” para ofrecerles una mesa al día siguiente (true story). Antes hubiera perdido el culo con tal de ir a hablar un ratejo con Bittor, ahora no me molestaría ni en contestar al teléfono.

Dicho esto y para todos los que me preguntáis como ir, os diría que no perdáis el tiempo, que os juntéis un grupo de siete u ocho asegurando un ticket superior a 500€ por barba en bebida (muy importante indicar lo de la bebida) y esperar. La otra opción es si tenéis planeado un viaje por la zona, reserva para todos esos días, apúntate en lista de espera y adjunta una nota (o un cheque en blanco) avisando que vais a dolor. Igual alguno de ellos da la casualidad y te llaman para completar el aforo. La última es presentarte directamente en el restaurante y preguntar si hay mesa. Cuenta la leyenda que hay gente que ha conseguido entrar… y sino pues te vas a Txispa y cuando termines y sabiendo que el caserío de Bittor está al lado, igual hasta lo ves.

Ahora sí. Gracias a todos los que de una manera u otra hicisteis de todas mis visitas, experiencias inolvidables. Bittor, Patricia, Hector, Estela, Paul, Eneko, Joan, David, Jordi, Román, Amaia, Tetsuro, Sofi… Ah, y como no, al sumiller Agustí Peris.
¿No falta nadie, verdad? ;)

Asador Etxebarri 2022
Asador Etxebarri 2020
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