
Plaza Cánovas del Castillo, 10
Valencia
Tel. 669 640 948
www.lamartinuca.com
Más allá de lo viral
La tortilla de patatas es uno de los platos más difíciles de juzgar. No por su complejidad, sino por todo lo que arrastra: memoria, costumbre, bares de confianza, el eterno debate del “con o sin cebolla”… Por eso, cuando una marca decide convertirla en bandera, inevitablemente entra en un terreno muito perigoso.
Pues bien, La Martinuca, el negocio de Víctor Naranjo y Álvaro González, acaba de aterrizar en Valencia. Detrás de este proyecto también están María Pombo y su marido, Pablo Castellano. Y aunque reconozco no tener ni idea de quien es cada uno de ellos, resulta que Pombo es una de las influencers más potentes de España (tiene hasta una serie), además de una de las caras visibles de este concepto viral que ya es marca consolidada y que lleva tiempo funcionando a pleno rendimiento en Madrid y otras ciudades.




Sinceramente, y como me ocurre con la mayoría de locales donde hay un perfil de instagramer, youtuber o tiktoker detrás, mis expectativas eran bastante bajas. Pero oye, habiendo ido sin ningún tipo de invitación, #collab y sin ningún tipo de trato preferencial, te lo adelanto: ni tan mal. De hecho, me parece un sitio donde se come bien, con detalles que sorprenden para el tipo de negocio que es, y donde las tortillas están realmente buenas. Ya desde el inicio hay señales que marcan la diferencia. La bienvenida por parte de Javi, del que hablaremos más adelante, junto con ese pequeño aperitivo de aceitunas, queso y embutido para amenizar la espera, es un gesto que suma. Un detalle sencillo, pero que ayuda a rebajar esa primera barrera de escepticismo. Ahora bien, la gran duda es si esto forma parte del estándar del local, o si estamos ante esos mimos propios de los primeros días que a la larga, acaban desapareciendo.








¿Están las tortillas a la altura de lo que venden? Rotundamente sí. Tanto las clásicas, con o sin cebolla como las que llevan ingredientes extra no bajan del notable. Quizá la de txistorra podría tener un punto más de carácter, algo más de intensidad que acompañe mejor al conjunto, pero nah, es por buscar las cosquillas, y sinceramente, no las encuentro. El resto de la carta es igual de apetecible y aunque es cierto que en algunos platos se nota cierto bajonazo, todo aprueba, y eso, en sitios donde el hype supera a la realidad, es importante decirlo.








Las croquetas de chorizo, estando bien en textura, no acaban de conquistarme y algo parecido me ocurre con las albondigas o las alcachofas. En estas últimas, esas flores piden una papada más fina, casi translúcida, que acompañe sin imponerse. Tal y como está, el conjunto se vuelve algo más pesado y la textura juega en su contra, acercándose más al chicle que a la delicadeza que el plato necesita. Sin embargo, platos como el bikini, el Pelayito de solomillo de ternera o los propios callos sorprenden por su resultado. Obviamente, no estamos ante bocados que te vayan a cambiar la vida, ni que compitan directamente con los mejores ejemplos que hayas probado de cada categoría. Pero, insisto, dentro del contexto en el que se mueve el local, la relación calidad/cantidad/precio está bien medida. Y eso, de nuevo, suma.








Donde quizá se percibe con más claridad ese ADN delivery con el que nació el proyecto es en la gestión de cocina y sala cuando el volumen aprieta. En cuanto empieza el trasiego de glovers, el comedor pasa a un segundo plano y es ahí donde los tiempos comienzan a alargarse más de la cuenta y aparecen pequeños fallos en las comandas. Nada dramático, pero sí lo suficientemente evidente como para romper ligeramente el ritmo de la experiencia. Y es justo en ese punto donde entra Javi. Probablemente la pieza clave para que La Martinuca me deje tan buen sabor de boca. Actitud, cercanía, intuición… de esos perfiles que entienden la sala más allá de servir platos. Ojalá tuviera tuviera un equipo al lado con su mismo potencial, pues gente como él es la que sostiene, y muchas veces salva, la hostelería. Así que háganme el favor: vayan a La Martinuca, pidan tortilla… y déjenle propina. A ver si entre todos conseguimos que se pague la carrera de magisterio.
De la bodega, mejor olvídate.
➕ Demostrar que no es solo cuestión de hype
➖ Por momentos, se antepone el delivery a la sala
✔ La tortilla de patatas con cebolla caramelizada y queso

La Martinuca
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