
Calle de Polo y Peyrolón, 5
Valencia
Tel. 963 606 348
www.laprincipalrestaurante.es
Valor seguro
A priori, una cervecería sin más. Al cruzar la puerta, sin embargo, aparece uno de los grandes clásicos de la ciudad de Valencia, actualizado y renovado hasta el más mínimo detalle.
Pese a las dimensiones imponentes del local, el conjunto resulta sorprendentemente acogedor y cálido. Eso sí, se hace casi imprescindible conseguir mesa en el espacio principal o en alguno de sus reservados, ya que tanto en el piso superior como en el rincón situado tras la bodega la acústica empeora notablemente y el servicio se resiente. En su defecto, si uno se planta allí solo o en pareja, la barra siempre será tu mejor opción.








Aunque la oferta de La Principal es jodidamente extensa, y puede que ahí resida uno de sus mayores hándicaps, por eso de que quien mucho abarca, poco aprieta, lo cierto es que casi todo está resuelto de una manera correcta. Podríamos decir que estamos ante un restaurante que quizá no sea el mejor en nada, pero sí es bueno en (casi) todo, donde todo tipo de público es bienvenido y que sirve de escenario perfecto tanto para ir en pareja, en familia o cerrar un acuerdo en alguno de sus reservados y con buenos vinos de por medio. Eso, además, se cumple con mayor acierto si nos mantenemos en la línea de los platos clásicos y nos olvidamos de esas propuestas que parecen querer innovar, ceviches, tatakis y similares, y que, por norma general, no suelen salir bien parados.








Reconozco que tanto las carnes o pescados principales, como los platos de cuchara o esas sugerencias de temporada, habitualmente fuera de carta, suelen estar infinitamente mejor, que los mariscos. Los crudos o cocidos suelen aprobar sin problemas, pero muchos de los que pasan por la plancha como las cigalas, gambas o navajas llegan excesivamente cocinados, casi secos. Si el servicio respondiera siempre con una sonrisa pese a las quejas, quizás sentaría hasta mejor.








Hay buenos arroces, sí, pero no están al nivel de El Portón de Sorní o La Alquería del Brosquil.
Hay buena carne, pero no juega en la liga de Basea o Ca Joan.
Hay pescados y mariscos, pero obviamente no estamos en Flama o El Bressol.
Hay cuchareo rico, pero no es Yarza ni Napicol.
Y hay barra y tapeo, sí, pero quizá le falte esa magia que desprenden Maipi o Rausell.
Echar un ojo a la vitrina de la barra siempre es una buena forma de empezar a abrir el apetito y, de paso, calibrar hasta dónde llega realmente el músculo del restaurante. Ostras, quisquillas, marineras… género reconocible, bien presentado y sin demasiadas estridencias. A partir de ahí, el siguiente paso debería ser innegociable: uno de sus grandes clásicos, el steak tartar. En cualquiera de sus versiones, aunque, siendo sinceros, el montadito juega con ventaja. Es más agradecido, se disfruta con mayor ligereza y permite seguir avanzando por la carta sin hipotecar el resto de la comida. Me gustaría poder decir lo mismo del montadito de foie, pero ¿por qué lo disfrazan con mermeladas, balsámicos y hasta crujientes de puerro?








Desde ahí, el camino se abre al picoteo, a algo más de carne o incluso a platos de cuchara como las manitas o los callos, que salen notablemente bien parados. Aquí sí hay oficio: buen sabor, textura correcta y ese punto reconocible de cocina clásica bien ejecutada, sin fuegos artificiales ni necesidad de justificar nada. Son platos que no buscan aplausos, pero que tampoco lo necesitan.








Como ya dejé caer al principio, La Principal es un restaurante lo suficientemente grande que la experiencia puede variar de forma considerable dependiendo de dónde te sientes. Y aquí conviene ser claro: no todos los espacios juegan en la misma liga. Siempre que se pueda elegir, mejor hacerlo en alguna de las mesas con visión directa a la barra. No es una cuestión estética, es puramente operativa. Solo desde ahí el servicio resulta verdaderamente constante y atento. Aun así, ese mismo servicio, correcto y eficaz, peca en ocasiones de cierta frialdad, como si el volumen de trabajo terminara imponiéndose a la hospitalidad. Se atiende, se sirve, se cumple… pero no siempre se acompaña. Falta a veces ese punto de cercanía, de lectura de mesa, de saber cuándo intervenir y cuándo desaparecer. Nada grave, pero sí lo suficientemente perceptible como para restar personalidad a una experiencia que, siendo siempre positiva, podría y debería ser todavía mejor
Para terminar, una simple reflexión: ¿Por qué todos los postres tienen el mismo decorado?
➕ Un classic renovado, y para todos los públicos
➖ La atención y la acústica en ciertos días y espacios
✔ Cenar en la barra los lunes por la noche

Restaurante La Principal
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