
Calle de Polo y Peyrolón, 3
Valencia
Tel. 960 545 290
La mejor excusa afterwork
De primeras, mola. Y mola porque sí. Porque es un bar de los que hacen falta, y más en una zona como la Avenida de Aragón, donde a veces se echa de menos algo así: cero postureo, cero discursos y una carta de tapeo que entra sola… y a un precio que no te obliga a replantearte la vida.
El exterior no promete gran cosa, pero cruzas la puerta y el cuerpo ya te pide quedarte. Terracita, mesas bajas, mesas altas y ese rollo de bar actualizado al que sabes que vas a volver. LATABARRA, el nuevo proyecto de Carlos, Abel y Andrés García (Zalamero) es justo eso: un sitio al que ir a menudo, ya sea a tomarte una cerveza, un vermut (sin drama) o echar una picaeta sin pensar demasiado. Y viendo el horario, ¡casi cualquier día y a cualquier hora!




La carta es directa, resultona y pensada para que todo el mundo encuentre algo. Aquí no hay párrafos infinitos, sino una propuesta divertida, ideal para compartir, y a alargar la tarde. Como bar, es cierto que se agradecería un punto más de desmadre: algo de pizarra, algún fuera de carta, producto que aparezca y desaparezca según el día. Subiría el ticket, sí… pero también subiría la diversión. Hay laterío, picoteo, y unos ibéricos, de Sánchez Romero Carvajal que como era de esperar, no fallan.








En cuanto nos metemos en cocina, hay cosas que cumplen… y otras que se quedan por el camino. Las croquetas, por ejemplo, bien, sin más. Correctas, pero poco memorables. Especial mención a las de jamón, que se quedan en tierra de nadie: ni sabor potente ni esa textura cremosa que uno espera cuando piensa en una buena croqueta de ibérico. Pero si hablamos de flojera, lo de los gambones “con gabardina” y sobre todo, lo de esa tabarrita, la cual y ya solo por su nombre habría que convertirla en icono de la casa, y en motivo suficiente para venir expresamente a comerte un torrezno diferente a lo de siempre. Y al final… pues no. Se queda en un torrezno con un gajo de lima al lado. Así, sin más. Como cuando alguien te cuenta una historia que parece brutal y luego resulta que era un bulo máximo.








Por suerte, la cosa remonta. El mollete de pastrami, sin sorprender a nadie, salva la papaleta y cumple su función. Y más curioso resulta el montadito de pringá con pan de croissant croissant relleno de pringá, que empieza descolocando, pero acaba funcionando mejor de lo que uno esperaba. Como guiño y homenaje a Zalamero y al ya extinto Baldomero, hay una coca que debería estar siempre presente en carta, o al menos ir rotando, porque apetecería verla mutar y probar otras combinaciones.
En definitiva, a día de hoy, LATABARRA juega la carta de bar honesto, económico y sin líos. Y oye, a veces eso, y solo eso, es exactamente lo que apetece.
➕ Buen picoteo a precio aun mejor
➖ La “tabarrita” no puede ser un torrezno sin más
✔ Abre todos los días mediodía y noche

LATABARRA Bar
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