Pongamos luz en la oscuridad

Carrer Menorca, 16
Palma, Mallorca
Tel. 600 447 874
www.littlejarana.com

Pongamos luz en la oscuridad

En una calle sombría de Palma, un discreto bajo sin rótulo apenas reclama tu atención. Desde fuera, todo parece oscuro. Casi hermético. Como si el local quisiera poner a prueba al que se atreve a cruzar la puerta.

Una vez dentro entiendes que la oscuridad es solo una cuestión de iluminación. Porque hay lugares capaces de desprender mucha más luz de la que reflejan sus paredes. Y Little Jarana, el pequeño gran proyecto de Abraham Artigas, es uno de ellos. Aquí no vienes buscando excesivo postureo, o una sala donde el volumen de la música compita con la conversación. Vienes a comer. A beber. A disfrutar. A dejarte llevar por un equipo que vive con tanta pasión lo que hace que termina contagiándote esa energía desde el primer minuto. Así que toma asiento (en la barra), entrégales la batuta y deja que sean ellos quienes marquen el compás. Olvídate de la carta, confía en sus recomendaciones y permite que la cocina haga el resto.

La propuesta de Abraham es cortita y al pie, con una carta que se actualiza prácticamente cada dos semanas (a excepción de un par de platos) y en la que yendo fuerte puedes hacerte un “perfect” y comértela de principio a fin. Todo suena apetecible, y aunque ciertas combinaciones puedan parecer curiosas, la mayoría de ellas como el melocotón con mascarpone y crispy chilli, o la lubina con pepino y crème fraîche suelen salir muy bien paradas. Hay otras combinaciones, que estando buenas, no consiguen esa jarana que aquí buscamos. El tomate con cerezas y jamón es correcto, sin más, pero el plato cien por cien vegetal con remolacha y zanahorias, pues bueno. Si eres de esos que se conforma con una ensalada envasada Florette, quizás esto te cambie la vida. Para el resto de mortales, es un plato totalmente prescindible y al que habría que meterle algo más.

Tanto las anchoas como los gnocchis son dos de esos platos que permanecen en carta desde los cimientos del restaurante. Y aunque las primeras podrían jugar una liga mucho más ambiciosa, reconozco que la pasta es, sencillamente, formidable. Cremosa, intensa y con ese punto de técnica que hace que parezca mucho más fácil de lo que realmente es. Además, es una de las pocas elaboraciones que permite asomarse a la cocina en acción. Y ahí es donde aparece uno de los pocos “peros” que le encontré a la propuesta. Resulta llamativo que, con una barra desde la que puedes seguir cada movimiento del equipo, buena parte del menú transcurra entre preparaciones frías o elaboraciones prácticamente terminadas, a las que solo les queda el aliño final y el emplatado.

Little Jarana

Personalmente, eché de menos algo más de fuego. No por una cuestión de espectáculo, sino porque yo personalmente necesito que la cocina me entre por el oído, por el aroma y por el baile de unas cacerolas. Unos bouchots abiertos al momento. Una gamba recién llegada pasando por la robata. O ese dentón cuya piel pedía a gritos crepitar sobre la brasa hasta quedar crujiente, en lugar de aparecer algo escondida bajo el conjunto. Son pequeños detalles que, en un restaurante de este nivel, podrían convertir una experiencia muy buena en una todavía más redonda.

Little Jarana es un restaurante tan pequeño, y con un equipo tan cercano y agradable, que desde que cruzas la puerta hasta que te despides sales con una sonrisa en la cara. Ni los pequeños peros que pueda tener la cocina, ni el intenso calor que a veces se acumula en la sala, consiguen empañar una experiencia que logra lo más complicado: hacerte sentir como en casa. Y eso tiene todavía más mérito cuando, a tu alrededor, es bastante más fácil escuchar inglés, alemán o sueco que castellano.

Atmósfera y cocina con mucha personalidad
Exceso de elaboraciones frías o de acabado final

Reserva en barra y olvídate de la carta

Little Jarana
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