Mar Plato (Sant Lluís)

Passeig de sa Marina, 66
Sant Lluís, Menorca
Tel. 622 524 192
www.marplato.es

Del sur, pal’ sur (de la isla)

La carta huele a atún y almadraba, con guiños claros a la cocina gaditana. Pero no, no estamos en Cádiz, sino en Menorca. Este verano la isla estrena uno de sus proyectos más sonados, de la mano del cocinero Pruden Izquierdo.

En plena urbanización de Son Ganxo, una finca que roza lo paradisíaco, Mar Plato se abre al Mediterráneo con vistas al mar y una piscina en la propia terraza del restaurante. Allí, una propuesta gastronómica tan atractiva como valiente: un concepto que huye de lo harto conocido y apuesta por el atún, entre otras cosas, como absoluto protagonista de la cocina.

Muy buenas y delicadas ostras, seguidas de una croqueta de jamón ibérico al más puro estilo Cañitas Maite que es una auténtica fantasía, ya no sólo por el sabor, sino por esa textura cremosa y un rebozado impecable. En cambio, el ajoblanco, pese a estar bueno, tropieza en la presentación, y es que la sardina, pieza clave del plato, merecería bastante más protagonismo. A la espera del principal, me llama la atención tanta confusión en sala: muchos camareros circulando sin un papel claro, como si estuvieran desorientados, y eso que en ese momento éramos cuatro gatos comiendo.

Llega el plato platazo de txuleta de atún rojo con huevos fritos. Es un plato que inevitablemente me lleva al carpaccio de atún con huevos fritos de Lobito de Mar, tanto por la presentación como por los sabores. Y está cojonudo (no valía otra expresión). Pero, un momento, esto no son huevos fritos, sino a la plancha. Se lo comento a Pruden y, por “sus huevos”, decide preparármelos como dios manda: fritos, con su puntilla y to’ su poderío. ¡Dios! Mezclarlos con la ventresca, los ajitos y un buen trozo de pan es lo más parecido a viajar al paraíso… pero en business.

Hablo un ratejo con Pruden: de Menorca, de Cádiz, del futuro Jàgaro e incluso de mi admirado Luis Loza y su Mezquite. Mientras tanto, no puedo evitar fijarme en cómo el propio cocinero debe estar pendiente de una sala que, con el restaurante ya lleno, todavía no termina de carburar. Ojalá con el tiempo encuentre un equipo a la altura, porque su cocina lo merece. Lo que ya no tengo tan claro es la piscina: no sé si juega a favor o en contra del restaurante. A mí, de momento, no me convence ver a gente paseándose en bañador, con los pies mojados, alrededor de las mesas.

Lo mejor: Pruden y su txuleta de atún
Lo mejorable: El descontrol de la sala
Lo peor: La piscina. Un arma de doble filo

Mar Plato
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