Boludeces sin sentido

Calle Conde Altea, 39
Valencia
Tel. 747 855 578
www.milarestaurante.es

Boludeces sin sentido

¿Qué hacés boludo? Date una ducha, toma el bondi y nos vemos por Conde Altea, a la altura de Cánovas. Ahora ya no se le conoce como el Eixample, sino como el Puerto Madero valenciano y es el barrio más “cheto” de la ciudad para tomarnos unas birras.

Y es que el auge de restaurantes argentinos en la ciudad es abrumador pero lo de esta zona es ya sinónimo de ghetto, casi desbancando a todos los italianos que afloraban hace unos años por esta misma zona o a los restaurantes mejicanos que lo hacen por Ruzafa. Todavía recuerdo cuando Cruz Pampa era de los pocos locales en los que la bandera albiceleste ondeaba desde lo lejos.

Mila ha sido de los últimos en llegar y como no podía ser de otra manera, lo hace con las milanesas como seña de identidad. Para quien no lo sepa, la milanesa no es más que un filete empanado y frito (sí, tiene que ser frito para ser considerada como tal) muy parecido al Schnitzel austriaco o a la Cotoletta alla palermitana de Palermo y aunque se ha convertido en un emblema del país, su origen es puramente italiano. Lo que sí es cierto, por curioso que parezca (y por un fallo de cocina), es que la milanesa napolitana cubierta de tomate, mozarella y jamón es cien por cien argentina.

Como no empezar con unas muy buenas empanadas y unas croquetas de asado que est… ¡un momento! ¿Por qué hay una croqueta infiltrada en mi plato? Parece Don Andrés Iniesta en la playa y hasta la textura es diferente. A mi pregunta del porqué, la respuesta fue un “hoy han salido así”. Pese a la croqueokupa, estaban igualmente buenas. Acabamos los entrantes con unas patatuquis y un choripan choribao. La idea es buena porque es una forma de estar a la moda (los putos baos) sin perder el bocado criollo, pero tuve la genial ideal de pedir por favor que me trajeran un chorizo “a pelo”, sin gilipolleces de por medio para disfrutar del bocado con un poco de chimichurri. Se me avisa que aún así deberán cobrármelo a precio de choribao (7,50€). Acepto la jugarreta, espero con ansias mi dosis de ácido pancetilíco, cuándo de repente…

(1 minuto de silencio por todos esos chorizos caídos en la batalla)
Per signum crucis de inimícis nostris líbera nos, Deus noster.
In nómine Patris, et Fílii, et Spíritus Sancti. Amén.

Llegan las milas y están bien buenas. Me vengo arriba y propongo acompañarlas con un Gran Enemigo. “No hay”. Pues con un Enemigo que vi varias botellas en barra la última vez. “No hay”. Pues este vino que hay en carta que aunque pone un precio, en realidad son doce euros más caros… un sinsentido que se acentuó con los postres, primero al preguntar por el de la semana: “No hay”, y segundo por ese flan tan “chafao” como acabó siendo mi experiencia final.

Lo mejor: Las Milas
Lo mejorable: Los postres y la bodega
Lo peor: El “chorizo” ese merece sanción

MILA Restaurante
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