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V Jornadas de cuchara y caza
Desde hace unos años, hablar de caza y cuchareo es sinónimo de coger el coche y tirar pa’ Castroverde de Campos, dirección Lera, pero como es algo al alcance de unos pocos, pues toca esperar al frío y dirigirte al barrio de Roca, en plena huerta valenciana.
La cocina de Chemo me fascina, siempre lo he dicho, y aunque prefiero ir fuera de eventos y disfrutar de su cocina diaria, este año y tras el desastre organizativo de aquel “Tres Monos Sabios” del año pasado, había una razón más de peso para volver. Sobra decir que esta vez no hubo tiempos de espera interminables, que cada mesa empezaba a la hora que hubiera reservado y que todo salió más o menos como esperaba. Quizás no ha sido su menú más redondo, pero al menos he conseguido quitarme la espina clavada de aquella vez.






Esta vez no se empezó con un caldito reconstituyente sino con una sabrosa tostada de perdiz guisada y sardina, pero sí se continuó con una terrina de conejo, guisantes y menta. ¿Estaba buena? Muy buena. ¿Estaba mejor que aquella de perdiz y escabeche de calabaza? No y además es imposible y es que aquel corte del año pasado será difícil de igualar, ya no aquí, sino en muchos otros sitios. Insisto Chemo, prepárame una to take away.






Empezamos a hacer uso de la cuchara que tanto me gusta y lo hacemos, primero con unos cardos con gamba blanca y acto seguido, con una muy potente sopa de paloma que recuerda a los fondos de sopa de ajo hasta por el detalle de la yema de huevo para dar todavía mayor untuosidad. Este pase se complementa con una pechuga de la misma, galet de pilota y tripa de bacalao. Buen mix y todo reconocible. Y ahora sí que sí, caballo ganador por partida doble. Lentejas con pato azulón y su escabeche (demasiado suave para mi gusto) y unas fabulosas y generosas fabes con liebre. Pura mantequilla y sabor.
Y del cielo, bajón estrepitoso con ese “pico fino” AKA “La innombrable”. No estando mal la parte principal del plato, no entendí la explicación del mismo por parte de Anselmo, mucho menos ese compañero de viaje por parte de Chemo. ¿Qué pinta esa ostra? ¿Y ese aspecto? ¿En ese pan? Mira que me gustan las ostras, pero no sé, yo todavía estoy dándole vueltas al porqué de ese acompañamiento, la presentación… ¡Nah! Para mí lo más flojo del menú sin duda alguna. Por suerte, y para terminar, unos buenos callos, de los que te dejan el pegamento labial de una verdadera jornada de caza, en esta ocasión, de caza menor.






Estando todo bien, a excepción de un plato cogido “con pinzas” tanto en el contexto como en la ejecución, siempre merece la pena disfrutar de estas jornadas organizadas por Napicol, más aún cuando es Chemo quien se encarga del menú en su totalidad y no existen las gilipolleces que muchas veces aparecen en eventos de este tipo, como el empezar a una hora, esperar a que estemos todos… Esta vez no ha habido ningún plato para el recuerdo, pero aún así, salgo infinitamente más feliz que la última vez. Siempre que visito a Chemo, me acuerdo de Manu Yarza, no sé muy bien porqué, pero creo que sus cocinas se asemejan y las disfruto… así que, Manu, voy para allá.
Ah por cierto, Napicol sigue un año más sin salir en la guía de los mejores 55 restaurantes de la CV. Tampoco lo hace al final de la guía, donde pone Meliana o donde sí salen otros locales que llevan años cerrados… de nada.
Napicol & Forastera & Ronquillo 2023
Napicol 2023
Lo mejor: Sacarte la espina clavada del año pasado
Lo mejorable: Una paloma menos, por algo de caza mayor
Lo peor: Ese “pico fino” era de todo menos fino…

Restaurante Napicol
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