Noble (Valencia)

Carrer del Comte de Salvatierra, 39
Valencia
Tel. 699 685 254
www.restaurantenoble.com

Sorry but…

El otro día me invitaron a conocer el nuevo proyecto gastronómico del grupo Empieza el Baile, en pleno centro de Valencia y ocupando lo que hace unos años fue el malogrado Señuelo. Sobre el papel todo pinta ideal, pero al parecer todavía queda mucho por pulir.

Noble nace con la idea de rendir homenaje al recetario clásico, al de nuestras abuelas, a ese que por muchas modas y gilipolleces nuevas que aparezcan siempre seguirá vigente. Y es precisamente eso lo que ya de entrada parece contradictorio en relación al espacio, su decoración, o el exceso de cortinas y puertas correderas que parecen esconder espacios ocultos, más estilo bar de copas que de un restaurante de los de toda la vida. En definitiva, un interiorismo tan sofisticado y elegante que choca con lo que quieren vender. Aún así, cabe destacar al equipo de interiorismo, quizás no tanto al de iluminación.

Desde el primer momento la cosa empezó torcida. Lo que iba a ser un house-tour restaurant-tour se convirtió en una visita a uno de los reservados en los que “Y aquí uno de nuestros reservad… uy perdón”. Un tío repanchigado en una de las sillas y móvil en mano nos daba la sorpresa. Ahí acabó el tour. Tras el incidente, directo a mesa, y que empiece el menú. Mi reserva era para las 13:00, por eso de que me gusta comer pronto, tener una buena sobremesa y seguir con mi vida. Disfruto de un correcto Bloody Mary hasta que sale el primer plato, a las ¡13:57! ¿¡Guajapen!? Si somos cuatro gatos, a menú cerrado y en mi caso, con puntualidad suiza, como siempre…

Sale un sutil escabeche de codorniz con un exceso de verde, incómodo de comer y que camufla demasiado al verdadero protagonista del plato, para poco después dar la bienvenida a un plato que no es lo que dice ser. Hablo de los mejillones a la marinera, un error de impresión (o del autocorrector), porque se quedaron en unos mejillones que poco tienen que ver con la receta tradicional y con un exceso de mantequilla que llega a saturar, una tónica que se va a ver reflejada en una serie de platos, no sé si por querer recordar a la cocina francesa o simplemente por darle una vuelta de tuerca a cosas que no la merecen.

Y es que no sólo el menú en cuestión peca de una cantidad excesiva de platos sino que muchos de ellos resultan pesados a más no poder. Seguimos, todo a la vez, con una correcta tosta de sesos, una croqueta de torreznos a la que le sobran los airbag by Sosa, no por nada, sino para evitar irremediables comparativas con Cañitas Maite y con un orejón de cerdinosaurio que sólo los muy fanáticos de texturas cartilaginosas y algo chiclosas adorarán. ¡Ojo! No está mala para nada y de hecho la ejecución, confitada y posteriormente frita es más que correcta, pero falta un plus más de crunchy y sobra tamaño por doquier.

No llevo ni medio menú y entre las esperas, los fallos de cocina y sala (revisión urgente el de este último apartado) que echando un ojo a todo lo que falta por llegar, como que te llenas aún más. Creo que es una de las peores sensaciones que puedes tener en un restaurante y queda aún más de la mitad y obviamente lo más contundente. Primero una buena pero pesada sopa de cebolla y acto seguido, una cosa que a día de hoy no he conseguido asimilar. Lo venden como el “auténtico all i pebre”. Yo no voy a decir mucho más de lo que ya hice saber allí mismo tanto a cocina como a gerencia, pero sí me atrevo a poner las fotos y que cada uno saque sus propias conclusiones. Yo aún me pregunto como algo así sale de una cocina, sea del nivel que sea.

¡Y seguimos! Ahora una paella, y para serte sincero bastante buena la verdad, pero claro, aún estás asimilando el pase anterior, esperando los cubiertos y agua que has pedido varias veces y hace rato, intentando probar el arroz cuando de repente… ¡un solomillaco de ternera! ¡A la vez! Y sin sitio donde colocarlo. Total, paella directa a cocina y puesta para llevar y a disfrutar del solomillo, bien de punto y bien de sabor al que le sobra una vez más la quenelle de mantequilla Café París. Otro sinsentido más que no te deja disfrutar ni de los platos decentes.

Por último, el carro de postres. Idea interesante con una ejecución terrible. Está muy bien que lo pasees por el comedor y lo expliques como en Desde 1911 (salvando las distancias), pero claro, es que no sólo no llega a las mesas de los altillos sino que no se ve un pimiento. Ni el carro, ni el resto de pases que has querido emplatar a la vista del cliente, en plena oscuridad.

Y pese a todo… me atrevería a decir que el proyecto tiene futuro, en parte por el emplazamiento y el espacio, que te guste o no, es espectacular. También por una propuesta gastronómica que bien ejecutada y con un servicio a la altura de las circunstancias puede llegar a contrarrestar las posibles carencias, pero a día de hoy me temo que hay mucho, muchísimo trabajo por hacer incluso desde mucho antes de sentarte en la mesa. Lo bueno de todo esto es que la mayoría de los comensales de estos primeros días parece estar más pendiente de las fotos que de lo que realmente pasa alrededor de la mesa.

Agradecer a Mario su invitación, y tanto a Alex como a Ángel su saber estar pese a todo.

Lo mejor: Prometo volver. No se cuando, pero lo haré
Lo mejorable: Muchos platos. Toda la sala
Lo peor: Llamar a eso all i pebre es imperdonable

Restaurante Noble
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