
Calle de Jeroni Munyós, 15
Valencia
Tel. 960 807 752
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Mi vecino Sergio
Mi vecino Sergio te ayuda en tu mudanza, te hace el IRPF, te sabe tirar cañas. Mi vecino Sergio te lo encuentra más barato, te recoge del festi, te desmonta un aparato… Mi vecino Sergio, el vecino soñado, merece una rotonda o ser eurodiputado.
La rotonda ya la tiene, justo enfrente de El Observatorio, y su plaza de eurodiputado… tiempo al tiempo. Sergio Mendoza es un visionario. Fue de los primeros en apostar por una zona que ahora parece estar cada día más en auge, por un concepto que aún no sé ni cómo catalogarlo y de convertirse en un altavoz para la defensa del ciudadano de a pie, de la vida del autónomo y por el bienestar del barrio. No importa que te roben la bici, que necesites una cédula de habitabilidad o conseguir que tu Hyundai Coupé (amarillo) tuneado pase la prueba de gases de la ITV. Acude a Sergio, sólo él conoce todas las respuestas. Y es que este ex diseñador, no sólo es hostelero, sino peón de obra, arquitecto, Comunity Manager, un cachondo de las redes sociales y licenciado por la Universidad Eth de Zurich en las causas perdidas.






El Observatorio ocupa el chaflán de una antigua droguería cuya gran terraza al sol sería reclamo más que suficiente para petarlo a diario dejando de lado otros quebraderos de cabeza como la cocina o el servicio, pero es que encima se come bien y te tratan aún mejor. Lidia, la joven camarera es una puta maravilla, un descubrimiento que merece cuidar y enseñar dada la crisis profesional que vemos en muchos restaurantes, incluido los gastronómicos. Su simpatía, alegría y su forma de atenderte vale oro, pero le urge una segunda persona que le ayude a sacar un servicio a menudo desbordado y con unos tiempos de espera que a veces se convierten en eternos.






Aún no sé muy bien donde categorizar la propuesta gastronómica de El Observatorio, pues aunque se mantienen aquellos guiños tan interesantes de la cocina peruana y nikkei que el cocinero Richi Goachet propuso desde un principio, es el propio Sergio quien con el tiempo le fue dando forma a una carta donde no faltan los clásicos, algún que otro invento que se le ocurre sobre la marcha y los fueras de carta según temporada. Su ceviche por ejemplo, y al igual que pasaba (ya en pasado) en Dalima es infinitamente mejor que en muchos otros restaurantes como Amancaes, y es que quizás “no es el pestillo peruano que soñabas, pero funciona” y funciona muy bien.
Podemos optar por alguno de los menús que ofrecen incluido un ¡menú a tope! mucho más extenso, pero muy bien de precio o sino a carta, eligiendo lo que te plazca. Empezar con unas buenas croquetas de pollo o el cono crujiente de ensaladilla rusa rollo el cornete de Canalla es una buena opción, y a partir de ahí, gyozas, yuca frita, unas muy buenas y crujientes alcachofas donde hasta el parmentier (no de patata) está muy bueno y sí o sí terminar con el lomo saltado. ¡Pide pan!




El Observatorio ha estado en constante transformación desde sus inicios, pero siempre ha mantenido la esencia. Gran culpa la tiene Sergio, un ex diseñador que decidió meterse a hostelero, no sé muy bien con qué idea o con qué necesidad, pero que ahora parece imprescindible, tanto dentro de su restaurante, como fuera. Por cierto, se busca personal.
Ojalá todo el mundo tuviera un vecino, como mi vecino Jose Sergio Mendoza.
Lo mejor: La propuesta. Tan divertida como Sergio
Lo mejorable: A Sergio le falta apoyo en cocina
Lo peor: A Lidia le urge apoyo en sala

El Observatorio de Patraix
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