
Carrer Moll d’en Pons, 10
Es Castell, Menorca
Tel. 608 762 427
www.pintarrojamenorca.com
Súper Nura. La verdadera jefa
Volver a un restaurante que en su primera visita te dejó con ganas de más siempre tiene un punto peligroso. La memoria no engaña, y tiende a quedarse con lo bueno, borrar alguna costura y elevar ligeramente el listón para la siguiente vez.
Con Pintarroja me ha ocurrido exactamente eso. Mi primera visita fue poco después de su apertura y salí convencido de estar ante uno de esos proyectos que merecía la pena seguir de cerca. Eugeni de Diego había conseguido montar en Es Castell una especie de marisquería informal, desenfadada y sin demasiadas ceremonias, donde el producto tenía bastante más protagonismo que el decorado y donde, algo nada sencillo en Menorca, la relación calidad-precio invitaba a volver. Y he vuelto.




La sensación, sin ser mala, ha sido bastante menos entusiasta, en parte por un servicio muy flojo, a excepción de “Súper” Nura, más pendiente de los móviles, y de unos tempos a veces demasiado extensos. Y cuando la espera se alarga demasiado, la cocina necesita estar especialmente afinada para compensarlo. La terraza, al igual que la propuesta sigue teniendo su encanto, y de hecho es sin ningún género de dudas, lo mejorcito de la zona de Es Castell.
Sin embargo, en un restaurante que construye buena parte de su discurso alrededor del mar y del producto, empezar con unas croquetas de gamba que no están a la altura duele un poco más de lo habitual. No porque una croqueta tenga que cambiarte la vida (aunque algunas lo consiguen), sino porque aquí esperas precisamente intensidad, sabor y ese punto de gula marina capaz de convertir cada bocado en algo difícil de compartir. Esta vez no apareció. Y lo curioso es que salió bastante mejor parada la croqueta de jamón, más sabrosa, más jugosa y bastante más redonda en conjunto. Tanto, que por un momento hizo preguntarme si sería esta croqueta casera y la de gamba no. Sonaría raro que así fuera, pero… ¿y si sí?








El matrimonio de anchoa y boquerón es correcto, pero no creo que merezca la pena dejarse casi veinte euros en él, menos aún cuando por prácticamente lo mismo puedes pedir un buen plato de navajas, unas correctas cigalas y, sobre todo, unas muy buenas almejas. Aunque, a decir verdad, nada como terminar con ese platazo de carabineros con patatas confitadas. El mojete que acaba formándose en el fondo del plato, cuando ya has abandonado cualquier atisbo de dignidad y empiezas a chuparte los dedos, es motivo más que suficiente para pasar por alto algunos de los desbarajustes de un restaurante que ojalá vaya a más. O, mejor dicho, y como ya adelanté en su día, que termine pasando de tiburón a Megalodón.
➕ El marisco mantiene el nivel a buen precio
➖ Mucho servicio, pero poca atención
✔ Terminar la noche en el Bar Lemon

Pintarroja
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