Ryokō (Valencia)

Carrer de Ciscar, 49
Valencia
Tel. 960 491 947
www.ryokovalencia.com

La madurez del viaje de Adam

Vuelta al Eixample, uno de los epicentros gastronómicos de la ciudad. Una zona tan concurrida que cualquier propuesta triunfa por saturación, mientras otras pasan inadvertidas pese a su nivel. Entre tantas idas y venidas, un local que parece más afinado que al principio.

Ryokō es un viaje (nunca mejor dicho) a ese concepto nikkei que tantos utilizan a la ligera, sin entender realmente la magnitud de una fusión tan fascinante como la peruano-japonesa. Dos cocinas que por separado son la hostia, pero que bien mezcladas, se convierten en la rehostia. Al entrar, todo parece un restaurante más, de esos que podrían pasar desapercibidos entre tanto local, más aun teniendo a Yarza literalmente al lado. Pero basta con que te reciba Adam, el propio cocinero, y ahora también, maestro de ceremonias para creer pensar que al menos el servicio va a ser mucho más que correcto. Y en efecto, su presencia en sala es de agradecer.

Una carta algo extensa, con algún que otro viejo conocido pero con alguna mezcla interesante y sobre todo, muy apetecible. Pese a ello, sobra decir que algunos de los platos pecan de ese ingrediente de más que parece querer justificar más el concepto fusión que demanda el público, que la calidad del producto en sí. Ejemplo de ello, unas deliciosas gyozas a las que esa espuma de leche de coco no parece sentarle nada bien y sobre todo ese tartar de atún. De Balfegó, con su propio QR para que conozcas la trazabilidad y garantía del mismo, tan bueno por sí solo que ponerle trufa, sobre todo esa pasta de trufa, es cargarte toda la personalidad del túnido.

Tanto las croquetas como la coliflor son una buena manera de empezar, por salirse un poco de lo harto conocido. Aunque, si lo que buscas es entrar de lleno en el concepto, apostaría sin dudar por alguna ostra, un usukuri o directamente por los nigiris. Eso sí, estos últimos me resultaron algo flojos en comparación con el resto de platos. Y no lo digo por el notable atún o la excelente picaña by Catalá, sino por el propio arroz: en mi opinión, falto de sazón y bastante simplón en boca.

Pero para eso están los principales, sobre todo esa pasta goemon con salsa huancaína y mollejas, que es un platazo con todas las letras. Y sí, me vas a venir con el típico “a mí las mollejas no me van”… pues estas te van a ir, y de cabeza. Porque además creo que es el plato que realmente ejemplifica lo que significa ese concepto nikkei, y no un simple postureo con apellido japonés.

La mejora respecto a mi última visita, hace ya unos años, es considerable, sobre todo en lo que respecta a salsas y en ciertos productos que ojalá tuvieran mayor protagonismo en el plato. La bodega también parece haber sufrido una revisión, y aunque todavía no es para tirar cohetes, teniendo en cuenta el precio medio del local, el propio Adam me confiesa que quiere darle otra vuelta de tuerca. Hasta en la cristalería. Vale que no es tan fina como me gustaría, pero al menos es Riedel. Detalles por parte del propietario de querer ir destacando un poco más, pero sin perder el norte, mucho menos haciendo un desembolso que, quiero pensar, una parte de su público no sabría apreciar.

Adam, y la mejora nikkei en ciertos platos
Revisar el arroz de los nigiris

El atún (sin nada). La goemon (con todo)

Ryokō Nikkei Sushi Bar
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